domingo, 9 de agosto de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Introducción



El universo, la frontera que la humanidad soñó alcanzar durante generaciones y que a lo largo de los siglos XXI y XXII, logró traspasar. Tras conseguir asentar la primera colonia en Marte, la humanidad comenzó una carrera hacia la conquista del espacio.
Innumerables empresas comenzaron a irrumpir en el panorama empresarial con el objetivo de explotar nuevos recursos. La explotación minera en otros planetas, en satélites y cometas abrió paso a todo un sistema de colonias por el sistema solar y nuevas formas de comunicación entre ellas.
Con el transcurrir de los años muchas de ellas desaparecieron, otra se unificaron bajo un mismo emblema formando grandes corporaciones capaces de ser autosuficientes. Estas independencias les ayudaron a ser libres de gobiernos y sin límites para su crecimiento.
Mientras esto sucedía en el firmamento y en los despachos corporativos, en el planeta tierra surgía una era de esplendor como nunca antes la humanidad había conocido. La globalización avanzaba a zancadas de gigantes.
La instauración de una moneda única y nueva, ayudó a derribar fronteras. Un gobierno mundial se alzaba en el horizonte gracias a que las diferencias entre países habían desaparecido gracias a las nuevas riquezas traídas desde lugares tan lejanos como el satélite Europa o el agua extraída de cometas milenarios.
El hambre y la sequía, casi inexistentes en esta nueva era, habían dado paso a la escasez de mano de obra. Un nuevo problema que obligaba a las corporaciones a blindar a sus trabajadores con cláusulas abusivas en los contratos. Por lo que la humanidad, pese a vivir el mejor momento de su historia, se veía obligada a elegir entre ser libres y enfrentarse a los infortunios del destino, o ser esclavos de una corporación y tener el futuro asegurado.
Gracias a la elección de la humanidad, de entre todas las corporaciones surgió una, la cual brillaba con nombre propio: Noxtromo. Tras conseguir ser la primera en poseer el único motor capaz de viajar a la velocidad de la luz, Noxtromo comenzó a crecer exponencialmente, cubriendo con su sombra muchas otras y haciéndose estremecer al recientemente inaugurado gobierno central terrestre.
Tras años de guerrear en despachos, Noxtromo, que no había perdido el tiempo y colonizó un sinfín de planetas a varios años luz, se vio obligada a ceder la patente del motor de luz a la humanidad. Pero aquel ``regalo´´ nacía envenenado. El gobierno central terrestre (GCT) se había visto obligado a ceder el control de la colonia de Marte a la empresa, de todas sus colonias mineras actuales y futuras, y el auto gobierno de sus trabajadores mientras se hallasen fuera de la Tierra. Una casi total autonomía que se extendería al resto de corporaciones en pocos años.
El tiempo corría inexorable en el espacio. La humanidad se expandía más y más en el universo y la tecnología alcanzaba el límite de la magia o los sueños. El GCT creó una serie de leyes que obligaban a las grandes corporaciones a compartir, por el bien de todos los humanos, sus tecnologías y a donar el 40% de su producción a la Tierra. Para la creación de estas leyes se utilizó la convicción de que todos los humanos eran iguales sin distinción de la pertenencia corporativa que ostentasen o lugar de nacimiento, mas todos sabían que realmente el miedo era lo que promovía aquellos hechos.
Muchas corporaciones se alzaron en revueltas contra el GCT, pero gracias a la ayuda militar de Noxtromo, este prevaleció y muchas de las corporaciones rebeldes fueron absorbidas por Noxtromo. Esta pequeña guerra trajo consigo la pérdida total del control sobre Noxtromo por parte del GCT.
Pero de todo esto hace ahora demasiados años, tantos, que un anciano como yo casi no llega a recordar. La humanidad disfruta de una era de hedonismo y contemplación. En la Tierra la gente vive acosta de las aportaciones corporativas, siendo el único planeta independiente. Tecnócratas, empresarios y militares se codean con políticos, únicas clases existentes en la Tierra, sabedores del débil equilibrio que existe entre la libertad y ser sepultados por la servidumbre de las corporaciones.
Así es como estamos a día de hoy, o al menos es lo que cree este militar terrestre retirado mientras observa los jardines flotantes, último regalo de Noxtromo a la humanidad.

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