martes, 18 de octubre de 2016

Colaboración: El asesino de la memoria.




Anteayer yo estaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas escuchando como mi abuelo desde su mecedora me leía una novela del oeste de la cual no recuerdo el nombre, pero sí recuerdo al sheriff gordo y con un enorme bigote, recuerdo a la muchacha de la cantina y al borracho que la perseguía por el pueblo, recuerdo al ladrón del banco y a sus compinches y recuerdo como me imaginaba toda la escena en mi cerebro de niña pequeña. Ayer leía escondida entre mis sabanas novelas de crímenes, misterios sin resolver y asesinos que volvían locos a los detectives que los buscaban, me daba curiosidad la escena de un crimen, imaginaba la sangre de la víctima salpicada sobre el malo y todo el trabajo que hacía el psicólogo de la policía para conocerlo y capturarlo después. Hoy escribo este relato y al mismo tiempo pienso en la novela que tengo que escribir, pienso en el próximo paso del asesino y en el detective que lo persigue, pienso en el nombre del pueblo, en la víctima y pienso en mil personajes de los que podría escribir y todos estan en mi cabeza esperando por salir a escena, esperando por su párrafo deseado. Mañana quizá lea mis propias historias a mis nietos o quizás, como mi abuelo, acabe sin acordarme de sus nombres, sin acordarme lo que era quitarle el plástico a un libro nuevo y pasar la mano sobre la tapa, quizá no recuerde al sheriff ni al asesino ni al psicólogo, quizá no recuerde nada, porque el tiempo pasa, y tan deprisa, que no nos damos cuenta en qué momento se nos olvidó la vida.

- Gloria Carrasco. 

2 comentarios:

  1. Gran frase final. Gracias por compartir tu relato.

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  2. Gran frase final. Gracias por compartir tu relato.

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