sábado, 8 de agosto de 2015

Adicción

El silencio lo domina todo. Miro a mi alrededor y sólo hay oscuridad y algunos rayos de luz que se filtran a través de la infinidad del firmamento. Los escombros de mi vida se amontonan bajo la luz. Con aspecto fantasmagórico revolotean pequeños trozos de papel, que mecidos por la brisa viajan sin rumbo y sin prisa hacia ningún lugar.
Me mantengo inmóvil, tengo miedo. No alcanzo a ver mis pies y sé que caeré en el abismo del olvido si me muevo.
Siento la presencia de los demonios que me acechan desde las sombras, ansían devorar mi alma, esclavizarla hasta el fin de los tiempos o hasta cansarse de su nuevo juguete.
Las fuerzas me flaquean, las piernas me tiemblan y amenazan con ceder ante el peso de estas sombras, ante la aplastante verdad que me rodea, ante el cansancio que esta situación me impone. Pero sé que aguántate, que tras las sombras hay luz, la luz de su mirada y la calidez de su sonrisa.
Por ella, por la más bella, por la que me acuna y me espera, por la que no descansa y me aguarda en vela. Por el amor de mi vida... porque mi madre me espera.
Ahora sé que por salir del pozo, ahora puedo volver con ella.

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