sábado, 29 de agosto de 2015

Los Guardianes

- Mira el cielo hijo mío, desde lo alto hoy nos mira sonriente nuestra hermana Luna.
- Que bella es, padre.
- Lo es. La más bella, la más poderosa y la que siempre nos sonríe en la adversidad mientras cuida de nosotros cada noche.
- Padre…
- Dime.
- ¿Por qué nuestra hermana Luna esta en lo alto del cielo y el abuelo no está con ella?
- Si lo está hijo, pero que no lo veas a él no significa que no este. En el mundo de los dioses y espíritus, hace falta mucho más que ser un gran guerrero sabio para conseguir algunas cosas. Es necesario mucha entrega y un gran sacrificio personal para poder seguir siendo visible desde este mundo una vez se cruza el portal. Por eso, aunque solo veas a hermana Luna y no al abuelo, no significa que ambos nos estén vigilando siempre desde lo alto del firmamento. Al igual que ellos, todos nuestros ancianos y seres queridos que ya partieron.
- Padre… ¿Por qué somos así? ¿Por qué es esta nuestra misión? ¿Por qué…
- Tranquilo pequeño Roel, todo en este mundo tiene una explicación. Aunque si formulas todas las preguntas a la vez, tal vez no halles respuesta a todas. Permíteme que te cuente la historia de nuestro mundo y nuestra raza, otro día si te quedan aun más preguntas, cosa de la que estoy seguro, te las iré respondiendo una a una. ¿Aceptas?
- Si.
- Bien hijo, escucha con atención…
“Hace mucho, mucho tiempo, antes incluso de que la primera estrella brillase en el firmamento, el dios padre creo a sus tres esposas y con ellas concibió tres hijos. Gaia, Feret y Gaulot.
La primera, y única hija, fue Gaia. Como regalo, el dios padre, la convirtió en la madre de todas las criaturas, nuestra madre, la madre tierra. Feret, el segundo hijo en nacer, era el más listo, trabajador y ordenado de los tres. A él le fue conferido el poder de mantener el orden de las cosas, él era quien elegía quien pertenecía a Gaia o quien la abandonaba para partir hacia los confines de la oscuridad, el abismo, y allí perdurar por una eternidad para sufrir los mayores horrores y tormentos que un dios pueda imaginar. Además le fue concedida la creación del firmamento, con fino hilo de plata tejió la red sobre la cual coloco el resto de objetos del cielo. Por último, al más pequeño de los tres, le regalo el dominio sobre el abismo. Gaulot sería el encargado de atormentar por el fin de los siglos a aquellas almas que su hermano Feret mandase desde Gaia.
Por lo tanto, el dios padre, desde su nacimiento, había entregado a sus hijos el poder sobre los tres planos que forman el todo. Gaia reina sobre la vida y la luz, Feret es el juez que mantiene el equilibrio y el señor de los cielos, Gaulot se convirtió en el soberano de la oscuridad y la muerte. Todos ellos han de permanecer equilibrados por la eternidad, por el bien de la propia existencia.
Pero tras el reparto la madre de Gaulot no quedo satisfecha con que su hijo se quedase entre la oscuridad y la penuria, quería para él mucho mas, quería todo, quería el propio puesto del dios padre creador del todo y de ella misma. Por lo que siglo tras siglo atormento la mente de su hijo con falsas palabras, con envidia, ira y rencor, hasta que Gaulot, queriendo demostrar que era más poderoso que sus otros hermanos, desato a las bestias del abismo y las ordeno marchar sobre Gaia sin consentimiento de Feret y aprovechando que este estaba distraído tejiendo la constelación de Pegaso.
Gaulot desato los peores horrores del averno, demonios temibles que asolaron rápidamente la superficie de Gaia. La mayor de las hermanas sufría en sus propias carnes la oscuridad y frialdad provenida del abismo mientras la vida y la luz de su reino se consumían a cada segundo.
El dios padre, desde la lejanía de su reino, comprendió los hechos que habían acaecido para que sus hijos llegasen a tal extremo y tras ver el pasado comprendió que la envidiosa mente de su tercera esposa había sido la causante de todo aquello. Dios padre, que tras regalar a sus hijos la creación del todo, no podía interferir directamente sobre la misma, así que a través de uno de sus mensajeros hizo llegar a Gaia la idea de crear a una criatura pura, a una criatura de vida y luz semejante al caos y oscuridad que habitaba en las almas de los horrores del abismo.
Mientras el mensajero hacia llegar el recado a su hija, el dios padre entro en cólera y desterró para siempre a Lilit de sus dominios y le ordeno vivir por siempre en el averno sufriendo los tormentos y castigos que su propio hijo tenía destinado a las almas que allí habitaban.
Gaia, tras recibir el mensaje de su padre, fundió parte de su poder y parte del poder de Feret, el cual lo había cedido por que gracias a su descuido había sucedido todo aquel sufrimiento, y con hilo de plata y arcilla creo la criatura más pura y noble de todos los tiempos. Tan pura que la oscuridad se desvanecía a su paso, con tanto poder que con sus propias manos era capaz de liberar el mal de este mundo. Gaia había creado a la primera de nuestra raza, la hermana Luna.
Hermana Luna lucho durante noches con los engendros del abismo, y uno a uno los fue derrotando y obligado a retornar a su lugar. Hasta que finalmente tuvo que enfrentarse al mayor de todos los horrores. Al mismísimo hijo de Gaulot, un hijo bastardo engendrado en el vientre de su propia madre Lilit. Durante cientos de noches lucharon entre luz y oscuridad, sin que ninguno de los dos lograse hacer retroceder a su oponente.
Parecía ser una lucha eterna, en la que ninguno de los dos podría vencer y Gaia seguiría sufriendo el dolor de la guerra en sus propias carnes. La desesperación azuzaba el alma de la diosa y de su hermano Feret que se veía desbordado para mantener las hordas de horrores que su hermano menor Gaulot seguía enviando a ayudar a su propio hijo. Mas cuando todo parecía tener un fin próximo lleno de oscuridad y caos, el mensajero del dios padre regreso con la salvación de la creación. La respuesta a la batalla, con el conocimiento necesario para ganar la guerra.
La salvación pasaba por que la propia luz sacrificase su esencia más pura para vencer la oscuridad que habitaba en el hijo de Gaulot y su madre Lilit. Un sacrificio puro y de corazón. Así fue como hermana Luna entrego su vida y su alma arrojándose a las mandíbulas de la criatura de la oscuridad. Un sacrificio con el que se logro vencer la primera de las batallas, pero no la guerra. Feret comprendió que Gaulot no descansaría hasta ver a Gaia y a Feret derrotados y arrodillados ante su madre Lilit y él mismo.
Feret recogió todos los hilos de plata que pudo y comenzó a retocar y estrechar los huecos en la red del firmamento, intentando impedir con ellos el paso de los horrores del abismo. Por su lado Gaia, nuestra madre, creo una tribu de criaturas iguales que hermana Luna, pero nosotros no tenemos la esencia del hilo de plata de Feret. Por eso no podemos igualarnos a la primera de nuestra raza.
Desde entonces nuestra raza ha crecido y multiplicado, pero el mal del averno continúa su avance hacia nosotros. Cada día nuestros hermanos luchan contra los demonios que logran atravesar la red de Feret, muchos mueren, pero esa es nuestra misión, la esencia de nuestra propia existencia.
Hora hijo ya sabes el porque somos como somos y porque estamos aquí. Ahora regresa al campamento a descansar, otro día te responderé a otras preguntas. Esta noche estamos en paz, pero mañana puede que el caos regrese y necesitaremos de todos nuestros hermanos para seguir luchando contra ellos para proteger a nuestra madre Gaia. Porque somos sus guardianes, somos sus hijos, somos hombres lobo.

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