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viernes, 7 de agosto de 2015

Bésame el alma.

"Coge mi corazón y haz con él lo que quieras. Arrastrame al mismo infierno. Deja arder cada deseo que hay en nosotros. Fundamonos entre pasión y lujuria, cayendo en el máximo de los pecado. Dejémonos llevar por el placer y la calma. Arañame la piel, bésame el alma."

La ventana

En mi casa tengo una ventana que da al fin del mundo. Por ella la oscura soledad se difumina con los colores del arcoíris y retorna convertida en una quimera de esperanza. Donde la pena se ahoga en un mar de tristeza y es rescatada por la compañera de mi soledad mientras navegan a la deriva sobre un trozo de esperanza. Una ventana desde la que veo como mis demonios luchan contra los ángeles por poseer mi maltrecha alma. Un pedacito de cielo teñido de rojo por las hogueras de la guerra. Una ventana por la que entran la tempestades de mi mente, y por la que tiendo mis sueños y esperanzas. Un cuadrado de mi mundo por el que tantas veces he visto tu cara, a veces lejos, a veces cerca, y ahora nada. Por la que han desfilado amigos y enemigos, algunos me miraban, muchos de ellos no. Ahora me asomo y solo veo oscuridad y luz. Un erial de color que lo arrasa doto. El huracán de sentimientos trae con sigo sonsas y lagrimas. Una tormenta imperfecta que destruye a su paso todo lo que durante años e visto y vivido. Congelo la imagen en mi memoria y cierro la ventana. Hoy se lo que hay al otro lado, pero mañana... ¿Qué me aguardara?

Yo mismo

Camino por estos desolados paramos sin mirar atrás. El pasado duele y el futuro se me antoja aun lejano. Sueño mundos a mi alrededor, veo como giran y cambian, pero están vacios. No hay vida. Me estremezco y siento como un mundo compuesto de naipes se derrama sobre mí. El abismo se muestra desafiante y me llama. Me incita a proseguir a caer en él y perderme en el olvido. Por unos instantes me siento tentado, pero la ilusión se ha desvanecido. Solo el desierto me rodea, sin vida, sin futuro y sin pasado. La soledad es mi única compañera

jueves, 6 de agosto de 2015

Páramo

En mis manos tengo el corazón de innumerables doncellas. ¿Qué hago con ellos? Me pregunto. Los desecho, los retuerzo y estrangulo, los utilizo hasta secarlos o los guardo como el mayor de los tesoros. No puedo decidir pues yo no poseo corazón alguno. El mío hace mucho que lo regale y no me arrepiento de ello. A quien se lo entregue mercadora fue y es. Ella es su dueña y que haga lo que quiera con él. No sé si con el tiempo florecerá de nuevo en mi oscuro pecho, o quedara solo un paramo desértico. No quiero que me regalen corazones pues yo no tengo ni quiero. Quizás mañana el perfume de los jardines retorne a mi pecho pero por ahora solo la arena puede regar sus dones.

Espejo

Me siento frente al espejo y miro mi reflejo mientras pienso en lo q veo. ¿Soy yo a quien miro? La imagen me sonríe. Una mueca de amargura y desencanto. Cansada, difusa, desilusionada. Comparte mis sueños, mis deseos, secretos inconfesables, y aun así sigue sin ser yo. La observo y veo la fina línea que enmarca su difuso rostro. Me palpo y noto que esa misma línea perfila los contornos de mi cara. Tiro de ella pero no se inmuta. Permanece inalterable, imperturbable, serena. Sosteniendo las líneas de la máscara que durante tanto tiempo he llevado pegada sobre mi rostro. ¿Quien es mas yo, la máscara que llevo pegada o el rostro que se oculta tras esta? Permanezco mirando mi reflejo. Una imagen que se difumina lentamente como la niebla de la mañana. La imagen se ha ido. El espejo solo refleja el vacio que mi perturbada mente muestra. La confusión es aún mayor, sigo sin saber quien soy en realidad. Pero al menos ya se, que sea quien sea, la máscara con la que vivo y el rostro que se oculta tras esta, ambas, forman parte de mi. De alguna extraña forma, en simbiosis entre ellas, no dejo de ser quien soy y quien todos ven. Yo soy yo, aunque no sepa que quiere decir esto.