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lunes, 14 de septiembre de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Introducción alternativa.



- Capitán, acabamos de salir de la velocidad de la luz. Nos aproximamos a Júpiter. – Comunicó el segundo al mando.
- Abran canal de comunicación. – Ordenó el capitán.
- Establecida comunicación. – Respondió el jefe de comunicaciones.
- Aquí el capitán de la nave de guerra Zeus IV, contactando con el comandante en jefe de la flota de Júpiter. Solicitamos escolta y provisiones.


- Mi comandante, la nave Zeus IV acaba de salir en las proximidades. Han abierto un canal de comunicación para solicitarnos escolta y provisiones. ¿Cuáles son sus órdenes? – Preguntó el capitán de la nave de la flota de Júpiter.
- Cortad comunicaciones. Preparad provisiones y naves de ayuda. – Ordenó el comandante.
- ¿Comenzamos la aproximación? – Preguntó el capitán.
- No, esperemos a estar preparados.
- Están en una zona al otro lado del planeta mi comandante, aún tardaremos cuarenta minutos en llegar. – Comentó el capitán de la nave insignia de Júpiter.
- Obedeced las órdenes, ya basta de cuestionarme. – Exigió el capitán sin mucha convicción.


- Señor, la flota de Júpiter ha cortado las comunicaciones sin dar respuesta alguna a nuestra solicitud de ayuda. – Comunicó el segundo al mando de la Zeus IV.
- Es extraño… - Reflexionaba el capitán. - ¿Se ve algo en el radar?
- No, capitán, deben de hallarse al otro lado del planeta. No conseguimos señal alguna de esa zona. – Contestó el jefe de radar.
- ¿Por qué no tenemos señal? – Quiso saber el capitán.
- No lo sé, capitán, es todo tan… - El jefe de radar se interrumpió. – Acaba de aparecer una nave en el radar, a un kilómetro de distancia señor.
- ¿Quiénes son? – Preguntó el capitán.
- Jamás había visto nada parecido, señor. Es casi cinco veces más grande que esta. No es de la Tierra, nunca se ha construido algo así. – Explicó el jefe de radar.
- Nos llaman, señor. – Intervino el jefe de comunicaciones.


- Señor, hemos perdido el radar y las comunicaciones. Hay algún tipo de señal que las interrumpen. – Explicó el capitán al mando de la nave insignia de la flota de Júpiter.
- Será algún tipo de radiación. –Se limitó a responder el comandante.
- No es eso, señor. Es algún tipo de bloqueo, algo a lo que nunca me había enfrentado. – Intervino el jefe de comunicaciones.
- Deberíamos ponernos en marcha. La Zeus IV podría tener problemas y su misión es de grado α, máxima prioridad e importancia señor.
- De acuerdo, pongámonos en marcha. Motores a plena potencia. – Resolvió el comandante.


- Comandante Romeo de la nave Centauro XXIII de Noxtromo  al capitán del Zeus IV de la Tierra. Entreguen al ingeniero Nicolai de inmediato o aténganse a las consecuencias.
- Capitán, están apuntando las armas hacia nosotros. Su cañón tiene potencia suficiente para destruirnos. – Comentó el jefe de radar.
- Todos a sus puestos. – Ordenó el capitán alzando la voz. – Alférez, tome el mando de diez soldados y evacúe al ingeniero. Utilicen la nave de evacuación XII.
- Pero capitán, deberíamos evacuar a todos los hombres posibles. – Replicó el alférez.
- Nada de eso. Márchense de inmediato, intentaremos darles todo el tiempo posible.
El alférez, tras dar las órdenes oportunas, salió corriendo de la sala de mando seguido por algunos soldados.
- Activen los escudos a máxima potencia, carguen las armas. – Dijo el capitán volviendo a tomar asiento.


- Comandante, la señal del radar y la radio vuelven a estar activos. – Dijo el jefe de radar.
- ¿Se ve algo? – Preguntó el comandante de la flota de Júpiter.
- La Zeus IV ha desaparecido, solo hay escombros en la zona. – Respondió el jefe de radar.
- Entiendo, ¿algo más?
- Hemos recuperado un último mensaje de la Zeus IV. No se ve bien pero hay cosas muy extrañas en el vídeo.
- ¿Alguien más aparte de usted lo ha visto? – Quiso saber el comandante.
-  No, señor.
- Bien. Haced una copia y borradlo del sistema.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 4



Nuño fumaba un cigarro fuera del edificio cuando vio que un alto cargo de Noxtromo salía del mismo.
-Que extraño… Un oficial de Noxtromo. Solo se dejan ver en los consejos militares y sin embargo… - El oficial miró unos segundos a Nuño y en sus ojos apareció un extraño brillo, parecía recocerlo aunque nuño no lo había visto nunca.
- Buenas tardes, sargento. – Le saludó el oficial. - ¿Tendría un cigarro para un camarada?
Nuño le tendió la pitillera y tras coger el oficial uno se lo ofreció al soldado que lo acompañaba.
-Gracias, sargento. – Dijo el oficial mientras se volvía para marcharse. – Por cierto… Lamento lo de su padre, era un gran hombre.
- ¿Conocía a mi padre? – Preguntó Nuño extrañado.
- ¿A Nicolai? Éramos grandes amigos. Una lástima lo de su accidente. – Algo en el tono del oficial hizo desconfiar a Nuño.
- Gracias. – Se limitó a responder.
Mientras los oficiales de Noxtromo se alejaban, Hiria se aproximó a Nuño. Había permanecido en el interior del edificio rellenando unos documentos oficiales que su superior necesitaba al día siguiente, y mientras en su despacho, con las puertas abiertas, había observado como aquellos dos hombres habían salido del despacho del comandante.
-Nuño. – Este se volvió sobresaltado al oír la voz de su amiga. - ¿Qué querían?
- No lo sé. Me han dado el pésame por mi padre.
- Es curioso, los vi salir del despacho del comandante de Júpiter. Creo que tienes razón, aquí pasa algo y ellos saben que es.
- Lo sé, pero no puedo hacer nada más.
- Tú quizás no, pero yo… conozco a alguien que podría ayudarnos a saber algo más. – Terminó diciendo Hiria con una sonrisa misteriosa en el rostro. – Ven, acompáñame.
Tras tomar el primer taxi que encontraron, se dirigieron al barrio este del sector K6. Un barrio semimarginal en el que sus habitantes malvivían a costa de trabajos no tan legales. Las calles no estaban del todo mal adoquinadas aunque carecían de toda vegetación, tampoco es que hubiese espacio para jardines entre los apilados y gigantescos edificios que lo componían. Se estimaba que en poco más de veintinueve kilómetros cuadrados vivían casi ochocientos mil personas.
Después de que el taxista los dejara en la periferia, ya que pocos eran los que se atrevían a adentrarse más allá de las primeras calles, comenzaron a caminar hacia el centro de la zona.
Hiria le había puesto al corriente de qué buscaban en aquella zona. Hacía apenas un año un hacker había logrado colapsar los ordenadores del ejército terrestre sin ningún motivo aparente, solo por diversión y para demostrar que era capaz de hacerlo. Tras una dura investigación no encontraron al culpable, pero sí a varios de sus ayudantes. John, Witch para sus hermanos hackers, era uno de ellos. John era apenas un niño, a sus catorce años era uno de los más afamados hackers del mundo tras descubrir un nuevo tipo de lenguaje capaz de camuflarse y reproducirse por sí mismo.
- Hiria, ¿dónde vive ese tal Witch. – Preguntó Nuño mientras caminaban.
- En la torre siete del sector doce. Aquel gigantesco montón de hormigón. – Respondió Hiria señalando un edificio que despuntaba sobre el resto.
El edificio podría ser uno más del centro de no ser por los agujeros de bala repartidos en la fachada, los coches calcinados de la calle y otro estrellado dentro del portal.
- Este es. Ahora hay que subir a la planta cincuenta y tres. – Se limitó a decir Hiria.
- Cojamos el ascensor. – Respondió Nuño.
- Buen chiste. Sí, muy gracioso. – Dijo Hiria mientras se dirigía a las escaleras.
Nuño echó un último vistazo al exterior del edificio y siguió a Hiria por las estrechas escaleras. Tras un buen rato de subida, esquivar algunos yonkies que esperaban siguieran vivos y un dolor de piernas, llegaron a la casa de Witch.
Llamaron a la puerta, y tras una larga espera, una anciana les abrió y les invitó a entrar. John les aguardaba sentado delante de una de las mejores consolas que Nuño hubiera visto nunca, sabía de muchos en el GCT que envidiarían aquel ordenador.
- Bienvenidos a mi humilde morada, compañeros. Hiria, ¿qué tal estás? – Sin dar tiempo a contestar John continuó hablando. – Este debe ser Nuño, una joven promesa del ejército. ¿Qué os trae por aquí?
- ¿Cómo sabes mi…? – Nuño se interrumpió al ver en una de las pantallas su ficha militar.
- John, venimos a pedirte un favor. – Habló Hiria.
- Witch, por favor. ¿Qué favor? ¿Algo ilegal? Sabes que no puedo, me estáis vigilando para que no haga cosas indebidas. ¿Debe recordarte que la última vez que nos vimos querías detenerme?
- Necesitamos que busques unos archivos secretos. Son sobre el padre de Nuño y su desaparición. – Contestó Hiria pasando por alto el sarcasmo de John.
- Son de nivel de seguridad nueve, tardaré en conseguirlos y correré mucho riesgo. ¿Qué gano yo con todo esto?
- Haré que limpien tu expediente. – Contestó Hiria.
- Eso ya lo hice yo hace tres meses. – Se limitó a decir John con aire pensativo.
- ¿Qué quieres? Pídemelo y te lo daré. – Intervino Nuño.
- Esa es la actitud, tú me caes mejor que ella. Necesito tres gramos de Trinium.
- ¿Trinium? Pero eso es imposi… - Comenzó a decir Hiria.
- Hecho. Lo tendrás cuando yo tenga los archivos. – Contestó Nuño para cerrar el trato.
- Bien… Podéis iros. Os mandaré los archivos cuando los tenga a tu comunicador. – Dijo John volviendo a mirar a Hiria. – Después tendréis tres días para darme el Trinium. – Dicho esto John se volvió y comenzó a teclear.
Mientras los datos volaban en las pantallas, Nuño e Hiria salieron de la casa.
- No me lo esperaba así. Creía que sería un gordo con gafas y lleno de mugre. – Reflexionó Nuño en voz alta.
- John piensa que para tener una mente sana es necesario un cuerpo sano. – Respondió Hiria.
Sin mediar más palabra entre ambos se alejaron dirección al centro de la ciudad.

lunes, 31 de agosto de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 3



-Shail, el exiliado es humano, ¿crees que nos dirá la verdad sobre su pueblo? – Preguntó Drah.
- Joven Drah, los seres no son fieles a sus raíces por el mero hecho de provenir de ellas, hay más cosas que hacen que seas fiel. – Respondió el abuelo.
- Shail, no lo comprendo.
- Drah… - Los ojos de su abuelo mostraban el orgullo que sentía ante la curiosidad del joven. – Supongamos que a ti te apartan de tu familia, te llevan a muchas estrellas de aquí, te abandonan con otras criaturas que desconoces y se olvidan de ti. ¿Crees que seguirás siendo fiel a aquellos que destruyen tu existencia? – El abuelo escrutaba el rostro del joven mientras este pensaba.
- No lo sé. – Respondió Drah.
- Piénsalo mientras llegamos a la casa del exiliado, no necesito respuesta, solo tú debes conocerla.
Continuaron caminando, ya podía verse la diminuta edificación al lado del muro. La casa del exiliado se encontraba al final del claro donde todo el asentamiento se deshacía de las inmundicias. Construida con los mismos desechos sobre los que se encontraba, apenas se mantenía de pie. El exiliado la había levantado poco después de su llegada, alrededor de dos años atrás. Al principio los seres del cielo lo atendían, le traían alimento y ropa, hasta que un día dejaron de hacerlo. El poblado comenzó dándole algo para que viviera, pero con el tiempo el exiliado había comenzado a trabajar arreglando pozos y demás por comida y vestimenta. Todo el pueblo conocía su historia, su verdadero nombre, pero seguían llamándole el exiliado.
Al llegar a la puerta el abuelo de Drah alzó la voz y comenzó a decir:
-Exiliado, hemos acudido a ti en busca de sabiduría.
- ¿Exiliado? ¿Cuándo aprenderás a llamarme por mi nombre, sabio anciano? – Respondió una voz desde el interior de la casa. – Nicolai, ese es mi nombre. – Dijo el hombre mientras salía al exterior.
Nicolai era un ser del cielo al cual sus hermanos habían expulsado y recluido en aquel asentamiento. Al principio se había mostrado arrogante y distante con el pueblo de Ishnar, pero finalmente había comenzado a formar parte de él.
-¿Qué os trae por aquí, anciano? – Preguntó.
- Mi nieto, Drah, sabe algunas cosas que necesitan respuestas. Cosas que solo tú sabes y que quizás te interesen saber.
- Pasad, hablemos dentro. – Nicolai se apartó de la puerta para permitir la entrada de los visitantes.
El interior de la choza estaba prácticamente vacía, a excepción de algunos mugrientos cojines sobre una deshilachada alfombra, un simple jergón de musgos y una destartalada mesa. El exiliado tomó asiento en uno de los cojines e invitó a sus visitantes a hacer lo mismo.
- ¿Queréis un poco de agua? Perdonad que no os ofrezca más, pero se terminó la leche ayer. – Ofreció Nicolai al anciano y al joven.
- Os lo agradecemos, pero no es necesario. – El anciano reclinó el ofrecimiento. – El asunto que nos trae es importante y creemos que solo tú sabes las respuestas de su significado.
- Decidme Anciano, si puedo os ayudaré.
- Verás, mi nieto, aquí presente, por casualidad escuchó una conversación de los hombres del cielo. – Nicolai disimuló su sonrisa al oír aquella forma de llamar a los agentes de Noxtromo. – Resulta que han apagado los ojos y truenos. Han hablado de que todos moriríamos.
- Es lógico, anciano. Vuestro sol está muriendo. Vuestra estrella es una gigante roja a punto de explotar. –Se limitó a responder Nicolai.
- Si el sol explota llegará la noche y las plantas morirán, después los animales y por último nosotros. ¿Es eso lo que intentas explicarnos? – Preguntó el abuelo de Drah.
- No, si explota quemará este mundo, todo será cenizas. Lamento tener que ser yo quien os diga esto, pero vuestra raza está condenada. Noxtromo no hará nada por salvaros, no le servís para nada sin vuestro planeta. – Nicolai se levantó y sirvió tres cuencos de agua. – Bebed un poco, sé que es difícil tragar esta noticia.
- Disculpad, deberíamos marcharnos. – Dijo el anciano levantándose también.
- Aguardad, buen hombre. – Lo retuvo Nicolai. – Habéis dicho que vuestro nieto oyó por casualidad la conversación y sabe que ojos y truenos están apagados. – Nicolai miraba directamente al joven Drah. - ¿Tienes el don, joven?

domingo, 30 de agosto de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 2



La sala del consejo administrativo era una gigantesca sala semicircular por cuyos laterales se alzaban veintitrés filas de asientos repletos de agentes del GCT, administrativos corporativos, militares e inversores, estos últimos presentes por ser una reunión informativa de explotación a puerta abierta. Frente a las gradas, sentado sobre un enorme estrado, permanecía silencioso y con los ojos semicerrados el encargado de finanzas y donaciones corporativas del GCT. En el centro del semicirculo, el exponente hablaba abiertamente sobre los datos de su corporación.
- La mina de nuestra colonia en Disnomia a extraído mil quinientos cuarenta y dos toneladas de Galio en el último mes, la donación exigida por el GCT es del cuarenta porciento pero la corporación Karfa, generosamente, está dispuesta a ofrecer el cincuenta y dos coma tres porciento. Ochocientas seis con cuatro toneladas a cambio de...
En la última fila Nuño había dejado de prestar atención a lo que el administrativo jefe de Karfa exponía a los presentes, sus ojos observaban al comandante de la flota de Júpiter. Hacía casi dos años que lo había conocido por primera vez cuando había acudido a su casa para informarle que la nave en la que regresaba su padre había explotado.
Al parecer los radares habían fallado tan solo unos segundos, pero al restablecerse la conexión solo quedaban los restos de lo que antes había sido una de las más modernas máquinas militares. Los restos fueron in mediatamente recogidos y el caso archivado rápidamente, pero el cuerpo de su padre seguía desaparecido. El capitán de la flota le había dado largas durante algún tiempo, pero finalmente se había comprometido a encontrarlo. De todo aquello hacía demasiado y aún seguía sin saberse nada. Los archivos inaccesibles y todo el silencio alrededor del tema no ayudaban a calmar los ánimos de Nuño.
- Ahora expone Noxtromo, a ver con qué nos sorprende esta vez. - La voz de su amiga y compañera Hiria lo saco de sus pensamientos.
- Sí, sí. - Se limitó a responder Nuño.
- ¿Qué te sucede? - Preguntó Hiria, que tras una rápida ojeada a la sala se apresuró a responder. - Otra vez estabas pensando en el comandante y tu padre. Nuño, de eso hace ya mucho, ocurriese lo que ocurriese tu padre no va a regresar. No merece que te obsesiones con el tema.
- Sé que el comandante sabe más de lo que dice.
- ¿Y qué? Los archivos son secretos, muy pocos pueden acceder a ellos si es que no se han borrado ya. Olvídalo, sé que es duro, pero no puedes seguir así. Te estás obsesionando con todo eso. - Dijo Hiria con preocupación.
- Necesito respuestas y ese hombre las tiene. - Se limitó a contestar Nuño.
- Tú mismo. - Hiria volvió a prestar atención a la exposición de datos de Noxtromo.

Al terminar, Nuño comenzó a luchar contra la marea de gente que salía. Necesitaba hablar con él. El comandante caminaba en dirección opuesta a la salida, posiblemente hacia su despacho, o al menos eso creía Nuño.
- Comándate, aguarde por favor. - Alzó la voz para hacerse oír sobre el bullicio.
- ¿Qué desea sargen…? - El comandante se detuvo al reconocerlo. - Cada vez que nos vemos es para lo mismo. ¿Me equivoco sargento? - Su rostro mostraba la molestia que aquel encuentro le producía.
- Perdóneme comandante, pero necesito saber si hay alguna novedad con respecto a mi padre. Si pudiese ojear los informes del caso, a lo mejor una visión distinta… - El comandante mandó callar a Nuño alzando la mano.
- Sargento, sabe que eso es imposible. Hemos buscado sin encontrar nada. Ayer se cerró el caso definitivamente. Lamento tener que devolverlo a la realidad pero su padre está muerto, desintegrado en una explosión. - Respondió el comandante con semblante marcial.
- Pero… - Intentó volver a hablar Nuño.
- Ni peros ni leches. - Le cortó de nuevo el comandante. - Le ordeno que lo olvide. Espero que esta sea la última vez que nos vemos por este asunto. - Dicho esto se giro y siguió caminando.
El joven sargento permanecía observando como su superior se alejaba. Aquel hombre se negaba a darle respuestas, habían cerrado el caso. No, el sabría la verdad costase lo que costase.

El comandante llego a su despacho. Estaba cansado y necesitaba paz, pero no se la darían. En su despacho aguardaban dos militares de Noxtromo.
- Comandante. - Dijo a modo de saludo el oficial de Noxtromo. - ¿Quién era ese joven sargento que lo molestaba en el pasillo?
- No era nadie. - Respondió el comandante.
- Vale. - El oficial de Noxtromo afirmó con la cabeza. - Sigamos con el asunto que nos trae. Aquí tiene lo que acordamos. - El soldado de Noxtromo, que había permanecido en pie tras su oficial, avanzó y colocó el maletín que portaba sobre el escritorio. - Medio millón de UMU. Noxtromo siempre cumple su palabra. Gracias por cerrar el caso, pronto volveremos a hablar.
Los agentes de Noxtromo abandonaron el despacho. El comandante observaba el maletín sobre su mesa, con aquello podría retirarse y ser un hombre libre. No, nunca sería un hombre libre mientras a Noxtromo le interesase.