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NO RESEÑAMOS NOVELA ERÓTICA, lamentamos las molestias.


martes, 1 de septiembre de 2015

Elementos III

                       Los humanos se lanzaron a la carga con toda su infantería y caballería mientras los arqueros tapaban la poca luz que permitían las tormentas hiavianas. La estrategia era la misma desde que los humanos existían, cada parte intentaba destrozar a sus enemigos para lograr la superioridad numérica mientras los elementales se mantenían a raya unos a otros defendiendo así a los humanos. El campo de batalla era pues un centro donde los humanos se despedazaban rodeado de tormentas, relámpagos, tornados, pequeños seísmos, levantamientos de tierra, enormes bolas de fuego... Como si el mundo se destruyera a sí mismo coregrafiando las batallas individuales que sucedían entre los hombres.
                      Bal'az'uq que se había mantenido al margen, observando la batalla. Los bil'uus estaban haciendo un trabajo espléndido con tan poco poder. Incendiaban aquellas flechas que estaban cerca de impactar contra enemigos, lanzaban pequeñas piedras a una velocidad desorbitada como proyectiles hacia los hiavianos que resultaron ser extremadamente eficaces pues para detenerlas no valía un muro ni un pequeño golpe de aire como con las flechas pues perforaban casi sin inmutarse cualquier corriente en cualquier dirección gracias a su propio peso. También ayudaban a derretir los enormes aerolitos para que llegaran siendo pequeños granizos. Sin entrar en combate la victoria parecía decantarse hacia el bando uqiano. En ese momento entró en combate.
                     Lo primero que hizo fue levantar dos gigantescas colinas a ambos lados del lugar en que los hiavianos concentraban sus tropas. El terreno comenzó a temblar, la batalla pareció detenerse y durante un instante, una pequeña fracción de segundo, se hizo el silencio y la voz del Rey de Uq volvió a retumbar en todos lados 'arded malditos traidores de la paz'. Un sonido enmudeció definitivamente todas las voces y sonidos y las montañas estallaron en un mar de piedra fundida. Las cenizas eran tan pesadas y calientes que derritieron todos los granizos y evaporaron la lluvia, formando una masa de nubes y cenizas compacta y oscura con pequeñas trazas rojas que daban la sensación de que el cielo estaba ardiendo. La lava era fluida casi como agua, tal era la temperatura a la que estaba. Los hiavianos se quedaron perplejos e impotentes, no podían mover apenas el aire pues pesaba demasiado y no enfriaban con agua lo suficientemente rápida aquella marea que en apenas unos segundos los convertiría en cenizas y en una raza en grave peligro de extinción, pues allí estaban la práctica totalidad de los varones hiavianos.
                    En el centro, tras el susto inicial, la batalla volvió con intensidad renovada tras el pequeño descanso. Los uqianos aunque inferiores en número presionaban con su infantería en el centro, dejando las alas protegidas por su caballería que esperaba contener el tiempo suficiente a la caballería Hi'ax. Los arqueros de ambos bandos se unieron a la batalla como infantería ligera de apoyo tras agotar sus flechas. Y aunque los uqianos disponían de más arqueros la diferencia númerica apenas varió. Muchos hombres hicieron fama y gloria en esta primera batalla, pero ninguno se recuerda hoy en día... Empero hubo uno que durante largo tiempo fue tan admirado y amado como Bal'az'uq.
                    El magma fue cayendo ante los impotente hiavianos que comenzaron a huir para intentar salvar sus vidas. Muchísimos morían incinerados casi instantáneamente al ser tragados por la marea roja. El ejército enemigo estaba hundido, sin sus elementales los balianos usaron todo su poder para destruir la caballería humana y asi los uqianos envolvieron la enorme masa de infantería. Poco a poco las tropas estaban siendo diezmadas, estaba siendo una absoluta carnicería, la aniquilización absoluta del enemigo, pero como dije antes, esta no fue la que más víctimas produjo pues cuando todo estaba perdido una luz verde iluminó el centro del campo de batalla y el grito de otro hombre fue capaz de superar a todos los demás e incluso pareció ralentizar el mismísimo magma de Bal'az'uq. 'Basta, volved junto a mí hermanos, no me dejéis' un sonido que partió el alma, pues era triste y amistoso, todos sintieron lástima de aquel pobre hombre y los que más cerca de él se encontraban vieron como se arrodillaba y lloraba, y sus lágrimas flotaron en el aire, sus ojos se tornaron verdes aunque siempre habían sido negros y ocurrió algo que dejó atonitos a todos pues aquel aura verde que parecía emanar de la piel del muchacho rodeó a todos los muertos en combate y a los restos que de muchos hiavianos habían quedado tras ser tragados por la piedra fundida. En unos segundos todos recobraron su estado natural, sus cuerpos habían sanado o más bien estaban como si nunca hubieran entrado en combate. Todos descansados y listos para continuar hasta el punto que algunos recién levantados sin saber  bien que había ocurrido se lanzaron a la lucha pero aquel muchacho se levantó y su solo movimiento hizo a todos girar su cabeza para mirarlo. Tiró sus armas, se dio la vuelta y marchó andando. Sus enemigos respetaron su vida y su tregua y sus aliados lo siguieron como a su nuevo líder, todos en silencio tanto hiavianos como Hi'ax se marcharon dejando en el campo de batalla todas sus armas y a los pocos que habían sido reducidos a cenizas y no pudieron ser reanimados. Cuando Hi'ax've, como sería llamado después, se encontraba junto a los volcanes se giró y miró directamente a los ojos  a su rival Bal'az'uq que también había respetado su tregua y detenido el flujo del ardiente líquido y sus cenizas. Desde la distancia los ojos de estos hombres se encontraron, se respetaron y se comprendieron el uno al otro. Aún sin controlar muy bien su poder el joven se detuvo a lamentar profundamente todo el daño que su pueblo y sus aliados habían causado y volvió a gritar una vez más con aquella voz que producía tanta lástima a quien la escuchaba 'perdonadme por lo que hemos hecho, por favor aceptad nuestras disculpas y volved a casa, os lo ruego volved y reencontraros con vuestras mujeres e hijos' y aquella maravillosa aura verde rodeo todos los cadáves posibles del campo de batalla y como una vez había ocurrido, todos los hombres se levantaron intactos y en plenas condiciones.
                       Fue la primera vez que alguien despertó aquel poder, al que muchos llamaron el quinto elemento sin saber muy bien que elemento controlaba, otros lo llamaron sanador, curandero y otros muchos nombres, pero lo cierto es que como más lo llamaron y fue recordado era como Hi''ax've, Rey de los hiavianos y de los Hi'ax, y su poder consistía en el control de la vida, pero no así de la muerte. Pues nunca volvió a luchar y con ello nunca volvió a quitar una sola vida, aunque estuvo en todos los campos de batalla que se sucedieron tras aquel ataque a Uq.
                   

Elementos II

                        Bal'az'uq no solo cambió el curso de la guerra igualando de nuevo las fuerzas, sobreponiendo la superioridad numérica y de preparación de las tropas hiavianas, tambien cambió el curso de la historia para siempre.
                         De talla baja y cuerpo delgado, ojos verdes almendrados, barba de chivo y una gran sonrisa en su boca que siempre lo acompañaba incluso en las batallas más complicadas. Asi era el primer humano en controlar los elementos y el primer ser vivo en controlar los cuatro. Desde el momento en que lo hizo en la ciudad de Uq una ley no escrita cambio. Los elementales y los humanos que nunca se habían mezclado entre ellos, comenzaron a hacerlo dando fruto a una raza nueva, la primera nacida por la unión de otras dos. Con el tiempo esta nueva raza acabaría por ser la que dominara en Uq. Aun asi la convivencia en Uq entre balianos humanos y bil'uus era buena. Gracias a Bal'az'uq y su gran poder la guerra tuvo por fin una paz de varios años, en los que varias ciudades fueron fundadas y el comercio entre humanos fluyó. Esto generó una cierta estabilidad y prosperidad, y aquello logro que aquel hombre fuera visto como una especie de salvador por todos los bandos pues había traído felicidad y paz a un mundo cansado y devastado por la guerra.
                        Pero todo lo bueno se acaba y la sangre regó la tierra una vez más. Los hiavianos no habían estado ociosos prepararon un meticuloso plan para destruir Uq para siempre.
                         El día del solsticio del año veintidos mil setencientos setenta y dos o lo que es lo mismo el año trescientos setenta y cinco mil a.C aproximadamente, Uq se vio envuelta en una tormenta con huracanes como no se habían visto jamás. Las murallas estallaban en pedazos cuando recibían un relámpago o el impacto de un aerolito gigantesco. Aun asi pocas casas o edificios fueron dañados gracias a la rápida intervención de los biluus que podían controlar los elementos aunque no con gran maestría y por supuesto de los balianos y sus poderosas cúpulas de tierra. La primera batalla no fue la que más víctimas produjo pero sí la que más daño provocaría a largo plazo.
                         Tras las primeras embestidas los balianos consiguieron organizarse siguiendo la poderosa voz de Bal'az'uq y salieron por la enorme puerta de granito que se abrió ante el rey de su ciudad con un leve movimiento de mano. Justo ante la puerta miró al cielo nublado, los rayos y los granizos y alzando sus manos desgarró el aire con su portentosa voz 'no quiero nubes sobre mi ciudad' y un poderoso torbellino surgió entre las nubes que las deshizo dejando un cielo soleado. Salieron los uqianos al campo de batalla y al fin las huestes de ambos bandos se tuvieron de nuevo frente a frente.

lunes, 31 de agosto de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 3



-Shail, el exiliado es humano, ¿crees que nos dirá la verdad sobre su pueblo? – Preguntó Drah.
- Joven Drah, los seres no son fieles a sus raíces por el mero hecho de provenir de ellas, hay más cosas que hacen que seas fiel. – Respondió el abuelo.
- Shail, no lo comprendo.
- Drah… - Los ojos de su abuelo mostraban el orgullo que sentía ante la curiosidad del joven. – Supongamos que a ti te apartan de tu familia, te llevan a muchas estrellas de aquí, te abandonan con otras criaturas que desconoces y se olvidan de ti. ¿Crees que seguirás siendo fiel a aquellos que destruyen tu existencia? – El abuelo escrutaba el rostro del joven mientras este pensaba.
- No lo sé. – Respondió Drah.
- Piénsalo mientras llegamos a la casa del exiliado, no necesito respuesta, solo tú debes conocerla.
Continuaron caminando, ya podía verse la diminuta edificación al lado del muro. La casa del exiliado se encontraba al final del claro donde todo el asentamiento se deshacía de las inmundicias. Construida con los mismos desechos sobre los que se encontraba, apenas se mantenía de pie. El exiliado la había levantado poco después de su llegada, alrededor de dos años atrás. Al principio los seres del cielo lo atendían, le traían alimento y ropa, hasta que un día dejaron de hacerlo. El poblado comenzó dándole algo para que viviera, pero con el tiempo el exiliado había comenzado a trabajar arreglando pozos y demás por comida y vestimenta. Todo el pueblo conocía su historia, su verdadero nombre, pero seguían llamándole el exiliado.
Al llegar a la puerta el abuelo de Drah alzó la voz y comenzó a decir:
-Exiliado, hemos acudido a ti en busca de sabiduría.
- ¿Exiliado? ¿Cuándo aprenderás a llamarme por mi nombre, sabio anciano? – Respondió una voz desde el interior de la casa. – Nicolai, ese es mi nombre. – Dijo el hombre mientras salía al exterior.
Nicolai era un ser del cielo al cual sus hermanos habían expulsado y recluido en aquel asentamiento. Al principio se había mostrado arrogante y distante con el pueblo de Ishnar, pero finalmente había comenzado a formar parte de él.
-¿Qué os trae por aquí, anciano? – Preguntó.
- Mi nieto, Drah, sabe algunas cosas que necesitan respuestas. Cosas que solo tú sabes y que quizás te interesen saber.
- Pasad, hablemos dentro. – Nicolai se apartó de la puerta para permitir la entrada de los visitantes.
El interior de la choza estaba prácticamente vacía, a excepción de algunos mugrientos cojines sobre una deshilachada alfombra, un simple jergón de musgos y una destartalada mesa. El exiliado tomó asiento en uno de los cojines e invitó a sus visitantes a hacer lo mismo.
- ¿Queréis un poco de agua? Perdonad que no os ofrezca más, pero se terminó la leche ayer. – Ofreció Nicolai al anciano y al joven.
- Os lo agradecemos, pero no es necesario. – El anciano reclinó el ofrecimiento. – El asunto que nos trae es importante y creemos que solo tú sabes las respuestas de su significado.
- Decidme Anciano, si puedo os ayudaré.
- Verás, mi nieto, aquí presente, por casualidad escuchó una conversación de los hombres del cielo. – Nicolai disimuló su sonrisa al oír aquella forma de llamar a los agentes de Noxtromo. – Resulta que han apagado los ojos y truenos. Han hablado de que todos moriríamos.
- Es lógico, anciano. Vuestro sol está muriendo. Vuestra estrella es una gigante roja a punto de explotar. –Se limitó a responder Nicolai.
- Si el sol explota llegará la noche y las plantas morirán, después los animales y por último nosotros. ¿Es eso lo que intentas explicarnos? – Preguntó el abuelo de Drah.
- No, si explota quemará este mundo, todo será cenizas. Lamento tener que ser yo quien os diga esto, pero vuestra raza está condenada. Noxtromo no hará nada por salvaros, no le servís para nada sin vuestro planeta. – Nicolai se levantó y sirvió tres cuencos de agua. – Bebed un poco, sé que es difícil tragar esta noticia.
- Disculpad, deberíamos marcharnos. – Dijo el anciano levantándose también.
- Aguardad, buen hombre. – Lo retuvo Nicolai. – Habéis dicho que vuestro nieto oyó por casualidad la conversación y sabe que ojos y truenos están apagados. – Nicolai miraba directamente al joven Drah. - ¿Tienes el don, joven?

domingo, 30 de agosto de 2015

Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 2



La sala del consejo administrativo era una gigantesca sala semicircular por cuyos laterales se alzaban veintitrés filas de asientos repletos de agentes del GCT, administrativos corporativos, militares e inversores, estos últimos presentes por ser una reunión informativa de explotación a puerta abierta. Frente a las gradas, sentado sobre un enorme estrado, permanecía silencioso y con los ojos semicerrados el encargado de finanzas y donaciones corporativas del GCT. En el centro del semicirculo, el exponente hablaba abiertamente sobre los datos de su corporación.
- La mina de nuestra colonia en Disnomia a extraído mil quinientos cuarenta y dos toneladas de Galio en el último mes, la donación exigida por el GCT es del cuarenta porciento pero la corporación Karfa, generosamente, está dispuesta a ofrecer el cincuenta y dos coma tres porciento. Ochocientas seis con cuatro toneladas a cambio de...
En la última fila Nuño había dejado de prestar atención a lo que el administrativo jefe de Karfa exponía a los presentes, sus ojos observaban al comandante de la flota de Júpiter. Hacía casi dos años que lo había conocido por primera vez cuando había acudido a su casa para informarle que la nave en la que regresaba su padre había explotado.
Al parecer los radares habían fallado tan solo unos segundos, pero al restablecerse la conexión solo quedaban los restos de lo que antes había sido una de las más modernas máquinas militares. Los restos fueron in mediatamente recogidos y el caso archivado rápidamente, pero el cuerpo de su padre seguía desaparecido. El capitán de la flota le había dado largas durante algún tiempo, pero finalmente se había comprometido a encontrarlo. De todo aquello hacía demasiado y aún seguía sin saberse nada. Los archivos inaccesibles y todo el silencio alrededor del tema no ayudaban a calmar los ánimos de Nuño.
- Ahora expone Noxtromo, a ver con qué nos sorprende esta vez. - La voz de su amiga y compañera Hiria lo saco de sus pensamientos.
- Sí, sí. - Se limitó a responder Nuño.
- ¿Qué te sucede? - Preguntó Hiria, que tras una rápida ojeada a la sala se apresuró a responder. - Otra vez estabas pensando en el comandante y tu padre. Nuño, de eso hace ya mucho, ocurriese lo que ocurriese tu padre no va a regresar. No merece que te obsesiones con el tema.
- Sé que el comandante sabe más de lo que dice.
- ¿Y qué? Los archivos son secretos, muy pocos pueden acceder a ellos si es que no se han borrado ya. Olvídalo, sé que es duro, pero no puedes seguir así. Te estás obsesionando con todo eso. - Dijo Hiria con preocupación.
- Necesito respuestas y ese hombre las tiene. - Se limitó a contestar Nuño.
- Tú mismo. - Hiria volvió a prestar atención a la exposición de datos de Noxtromo.

Al terminar, Nuño comenzó a luchar contra la marea de gente que salía. Necesitaba hablar con él. El comandante caminaba en dirección opuesta a la salida, posiblemente hacia su despacho, o al menos eso creía Nuño.
- Comándate, aguarde por favor. - Alzó la voz para hacerse oír sobre el bullicio.
- ¿Qué desea sargen…? - El comandante se detuvo al reconocerlo. - Cada vez que nos vemos es para lo mismo. ¿Me equivoco sargento? - Su rostro mostraba la molestia que aquel encuentro le producía.
- Perdóneme comandante, pero necesito saber si hay alguna novedad con respecto a mi padre. Si pudiese ojear los informes del caso, a lo mejor una visión distinta… - El comandante mandó callar a Nuño alzando la mano.
- Sargento, sabe que eso es imposible. Hemos buscado sin encontrar nada. Ayer se cerró el caso definitivamente. Lamento tener que devolverlo a la realidad pero su padre está muerto, desintegrado en una explosión. - Respondió el comandante con semblante marcial.
- Pero… - Intentó volver a hablar Nuño.
- Ni peros ni leches. - Le cortó de nuevo el comandante. - Le ordeno que lo olvide. Espero que esta sea la última vez que nos vemos por este asunto. - Dicho esto se giro y siguió caminando.
El joven sargento permanecía observando como su superior se alejaba. Aquel hombre se negaba a darle respuestas, habían cerrado el caso. No, el sabría la verdad costase lo que costase.

El comandante llego a su despacho. Estaba cansado y necesitaba paz, pero no se la darían. En su despacho aguardaban dos militares de Noxtromo.
- Comandante. - Dijo a modo de saludo el oficial de Noxtromo. - ¿Quién era ese joven sargento que lo molestaba en el pasillo?
- No era nadie. - Respondió el comandante.
- Vale. - El oficial de Noxtromo afirmó con la cabeza. - Sigamos con el asunto que nos trae. Aquí tiene lo que acordamos. - El soldado de Noxtromo, que había permanecido en pie tras su oficial, avanzó y colocó el maletín que portaba sobre el escritorio. - Medio millón de UMU. Noxtromo siempre cumple su palabra. Gracias por cerrar el caso, pronto volveremos a hablar.
Los agentes de Noxtromo abandonaron el despacho. El comandante observaba el maletín sobre su mesa, con aquello podría retirarse y ser un hombre libre. No, nunca sería un hombre libre mientras a Noxtromo le interesase.

sábado, 29 de agosto de 2015

El último sueño

La llovizna que caía incesante durante toda la tarde aprieta y una lluvia intensa comienza a caer sobre el suelo, el Sol se oculta a gran velocidad por el horizonte y la oscuridad gana terreno a cada segundo que transcurre. Un hombre corre angustiado, ansioso por salir de aquel enmarañado y espeso bosque. Los ojos rojos que había descubierto durante la tarde de caza, ahora lo perseguían. El sonido de mil pisadas lo envuelve todo, el aire se espesa con la agitada respiración de las bestias que intentan cazar al indefenso hombre.

Un último salto y habrá conseguido escapar, habrá logrado salir del bosque con vida, una última zancada y la maleza que lo rodea habrá desaparecido para siempre. Pero algo ha salido mal, su pie se ha enredado en algo y siente como su cuerpo cae sin remedio.

Todo se vuelve oscuro, muy oscuro, siente como cae pero en la distancia no existe fondo. La presión de la caída le hace un fuerte nudo en la garganta, intenta gritar con todas sus fuerzas, pero en su infinita caída no hay lugar para el sonido, solo para la desesperación. Se agita y se estremece, desea salir.

Se despierta sobre saltado, tenso y con la respiración agitada, parece ser que solo se trataba de otra de sus pesadillas. Abre los ojos una y otra vez, pero la oscuridad sigue envolviéndolo. Se siente atrapado, algo lo envuelve y aprisiona. Se revuelve frenéticamente, araña a su alrededor y miles de astillas se clavan en las yemas de sus dedos.

Se niega a creer lo que está sintiendo, su peor pesadilla se ha cumplido. Seguro que ha sufrido otra crisis, pero esta vez es la peor de todas, pues esta vez lo han enterrado mientras seguía vivo.

Mis padres

Me siento sobre mi colchón, el fuerte viento que golpea la ventana me ha despertado. Aun siento como la humedad y la calidez recorren mis manos, respiro profundamente, necesito tomar de nuevo aire.

Escucho sobrecogido la vos de mis padres al otro lado de la puerta, susurran mi nombre desde su cuarto. Sé que hablan de mi, pero por más que intento escucharlos no alcanzo a oír mas que susurros de lo que he hecho. Comentan todo lo acaecido entre ellos, no cesan de pronunciar mi nombre una y otra vez. Quieren que vaya a hablar con ellos, sé que me echan la culpa de todo lo ocurrido.

Me abrazo con fuerza, un gélido escalofrío recorre todo mi cuerpo. Los escucho pronunciar mi nombre con tanta claridad… Pero no puede ser, es imposible. Sé que me arrepiento de todo, pero no pude impedirlo. La voz que hay dentro de mi me obligo a matarlos.

Elementos

                   Cuentan que la historia del mundo ha sido distorsionada con el tiempo. La verdad ha sido el trasfondo en el que se han tejido las leyendas, mitos y religiones que han conformado el mundo. Un puzle imposible de rearmar en la actualidad... Ahora por favor amigos míos tomen asiento, sírvanse una bebida, y prestenme atención pues quiero contarles una breve historia que puede que les resulte interesante. Pueden tomarlo como una leyenda o un mito o un simple cuento de fantasía no importa, eso se lo dejaré a su elección solo les ruego me escuchen hasta el final.

                    Me gustaría ir dando fechas exactas, como si fuera un libro de historia, pero me es imposible incluso cuando fui dotado de una memoria prodigiosa. Pero puedo deciros que antes que los seres humanos vinieran al mundo, existían otras razas inteligentes y durante mucho tiempo se exterminaron unas a otras, dos prevalecieron sobre las demás por un detalle, podían controlar elementos, fuego, agua, tierra y aire. Ambas mantenían un fuerte equilibrio, por algún motivo los Balianos solo podían controlar el fuego y la tierra, y los Hiavianos el aire y el agua. Durante casi un centenar de milenios estuvieron en guerra y en ese tiempo otras razas más jóvenes fueron surgiendo y siendo exterminadas al aliarse por miedo o por codicia con uno u otro bando. Lo único que impedía que una de las razas dominase el mundo y se extendiera sobre él era la otra. Y asi se mantuvieron contenidos cada uno en su única ciudad. Bal' ia y Hiav' ea.
                  Durante algún momento de la guerra los Hiavianos profetizaron una nueva raza, capaz de desequilibrar las fuerzas, al tiempo que los Balianos profetizaban la venida de un ser capaz de controlar los cuatro elementos. Y a eso dedicaron gran parte de su esfuerzo. Y la búsqueda no fue en vano. En el confín más alejado del mundo había surgido una nueva raza. Aunque no parecía físicamente poderosa, ni dotada de ninguna capacidad sobre los elementos la suerte quiso que los hiavianos los considerasen la raza profetizada.
                 A la primera ciudad humana ambas razas mandaron embajadores que les hablaron de lo bien que vivirian aliandose con ellos y lo malvados que eran la otra raza. La humanidad se dividio en tres, los que decidieron quedarse y los que se unieron con alguna de las otras razas. A los que fueron con los hiavianos los llamaron Hi' ax y Bil' istu a los que marcharon con los balianos. De los otros nadie se acordó durante larguísimo tiempo.

                  Sin que nadie pactara una paz, ambos bandos pararon el fuego. Los humanos sin importar en que ciudad vivieran siguieron comerciando y relacionándose entre ellos pues nada tenían los unos contra los otros. Y así crecieron en poder y sabiduría, aunque muy por debajo de sus maestros. En lo que si superaron con creces a sus maestros fue en número. Los humanos, a diferencia de los demás, gestaban en nueve meses y no durante un lustro. Y aunque por otro lado los humanos eran muy frágiles y dependientes al nacer crecían a un ritmo desmesurado para la concepción del resto de razas del mundo.

                  Al fin un día como otro cualquiera la guerra volvió y arrastró a dos terceras partes de la humanidad. Durante la guerra la humanidad demostró no ser útil más que en combate directo y a este entrenamiento habían dedicado el entrenamiento los Hi'ax y fue asi como diezmaron brutalmente a los Bil' istu de los caules apenas quedaron unos miles. El numero de muertos durante la primera década fue tan grande que los balianos se apiadaron de ellos y abandonando su propia ciudad todos se fueron a vivir juntos en una nueva ciudad: Uq. Y ambas razas se unieron como hermanos para vencer o morir juntos. Y en ese momento los hiavianos pensaron que su profecía se había cumplido pues la nueva raza había decantado la guerra y marcharon con todo el grueso de sus tropas contra las murallas de Uq. Sitiaron la ciudad y esperaron diez días antes de asaltar la ciudad. Pero ellos no sabían el verdadero motivo del porqué los balianos se habían unido a los bil'istus como un solo pueblo: Aquel que dominaba los elementos había despertado su poder y era un ser humano al que llamaron Bal'az'uq.