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martes, 20 de marzo de 2018

Reseña: El reflejo de Alessia.



Título: El reflejo de Alessia.
Autor: Leticia Meroño.
ASIN: B01ILZX5D4.
Formato: Ebook.
Nº de Páginas: 155.


Sinopsis:

Alessia es una joven que pertenece a una familia de poderosas brujas. La magia blanca siempre fue el camino que ella conoció, pero el día de su dieciséis cumpleaños se verá sola, recibirá su poder, un poder tan grande como lo sea su corazón.
El mal siempre anda acechando al bien y su mayor temor es no saber reconocerlo.
En su camino se encontrará con Alexander, un niño que lleva esperando a su madre un siglo...
¿Y si todo no termina después de la muerte?


Valoración (Del 0 al 10)

  • Argumento: 9.4.
  • Desarrollo: 9.6.
  • Final: 9.2.
  • Personajes: 9.5.
  • Ambientación: 9.3.
  • Ilustraciones: 9.1.
  • Adictivo: 9.5.
  • Sensaciones: 9.6.

Nota Media: 9.4.

Observaciones:

Una obra llena de fantasía y suspense que engancha desde la primera página. Este libro hará que te encariñes con sus personajes y que sientas todas y cada una de sus emociones. Una historia oscura, increíble y con un final que te sorprenderá y que cierra este libro de la mejor forma posible. Recomendado para los lectores de fantasía, ciencia ficción, thriller y suspense.


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lunes, 12 de marzo de 2018

La maldición de Caín: Caos. (Capítulo 2)







No entendía absolutamente nada. Aquel hombre debía ser el príncipe Christopher, pero, ¿Víctor? Volví a mirar a mi madre. En ese momento comencé a unir cabos en mi cabeza: era un impostor.

- Gu… guar… 

- ¡Guardias! – Grité por mi madre.

Se apresuraron corriendo. Dos de ellos agarraron a Víctor de los dos brazos, el resto apuntaban con armas, tanto a él como al resto de guardias que se mantenían tras él, y cubrían a sus compañeros. Para sorpresa de todos ninguno de ellos hizo nada. Víctor sonrió de lado y se quedó mirándome fijamente. 

- No te hará tanta gracia lo que venga ahora. – Vacilé.

- No, princesita. – Dijo en tono burlón. – A ti y a tu queridísima madre si que no os va a hacer gracia. 

Tiró de los dos brazos que tenía sujetos y lanzó a los dos guardias como si fuesen muñecos. Ahora yo me encontraba de la misma forma que mi madre. 

- ¡Corran, nosotros les cubrimos! 

Uno de los guardias nos agarró a mi madre y a mí del hombro y comenzó a correr empujándonos. 

Se oían porrazos y gritos. No sabía qué pasaba o quiénes eran, me ponía en lo peor. Todo parecía moverse de un lado a otro. Veía al resto de sirvientes correr a esconderse. Comencé a llorar del pánico, mi madre seguía casi petrificada. 

De repente un gemido sale de la boca del guardia que nos acompañaba y ya no siento su brazo empujándome. Me giro y le veo, aún de pie, con una lanza atravesada poco más abajo del pecho. Empiezo a gritar, casi ahogándome por el llanto. En ese momento mi madre se suma a mi histeria. 

Una mano nos agarra y tira de nosotras. Intento zafarme, pero entonces su voz me calma. 

- Tranquilas, tranquilas. ¡Vamos!

- ¡Marian!

- ¡Vamos, vamos!

Ahora corremos las tres juntas. Nos encerramos en la biblioteca, la sala más cercana al gran salón. Allí había varios sirvientes más. 

Todos preguntaban a la vez, estaban igual de histéricos que nosotras. 

Marian intentaba tranquilizarme, aunque no lo conseguía. 

Sonaban golpes y más golpes y más golpes. Y risas. ¿Quién podía reírse haciendo algo así? ¿Qué clase de seres inhumanos eran? 

- Marian, no puedo más… De verdad, no puedo con esto. 

Me senté en el suelo con la cabeza apoyada en las rodillas. Ella se sentó a mi lado y me abrazó. 

- Tranquila, las protegeremos. Estamos todos aquí. Están atendiendo a su madre y yo estoy aquí, a su lado, todo estará bien.  – Me susurró al oído.

Pasamos un buen rato allí abrazadas hasta que el ruido por fin cesó. Levanté la cabeza, miré la puerta y después a Marian. 

No se oía absolutamente nada. Nos pusimos todos en pie. Nos mirábamos con una mezcla entre miedo y esperanza. 

- ¿Creéis que…? ¿Creéis que se ha acabado todo? 

- Esperemos a los guardias, ellos vendrán a avisar de ser así. – Respondió Marian.
Llaman a la puerta. Todos sonreímos, con miedo aún en los ojos.

- ¿Sí? – Pregunta mi madre con voz temblorosa. 

- Vaya majestad, veo que tiene miedo. 

Vuelvo a oír cómo se ríe y nos cambia a todos la cara. 

- Hace bien. 

En ese momento la puerta sale disparada haciéndose añicos en el aire. Todos retrocedemos y él, junto a otros dos hombres, entran, con paso lento pero decidido, hasta situarse casi en el centro de la biblioteca. 

Mi madre se acerca a Marian y a mí. 

- Marian, protege a mi hija, llévatela. En mis aposentos hay una entrada a una habitación protegida, solo tienes que mover el armario blanco. – Susurra mi madre. 

- Madre, no…

- Hacedme caso. 
- Lo haré. – Contesta Marian. 

- Cubrid a la princesa, a la que será vuestra reina. – Se dirige esta vez a los criados, los cuáles asienten. 

- Pero madre…

- Hija, te quiero, pero tienes que irte. – Me coge la cara con las dos manos y me da un beso en la frente.

- Te quiero, madre. – Le respondo llorando y con apenas un hilo de voz.

Ella sonríe y da la orden de atacar. 

- ¡Ahora! 

Todos se lanzan contra aquellos tres hombres, o al menos parecían hombres. Marian tira de mí hacia la puerta. Observo que uno de ellos va a empezar a perseguirnos, pero Víctor les para y le hace una negación con la cabeza, sin perder esa sonrisa que personalmente me causaba escalofríos. 

Otra vez gritos, otra vez porrazos. Llegamos a los aposentos de mi madre sin problema pero justo al llegar a la puerta vemos a los tres salir de la biblioteca.

- ¡No! ¡NO!

Me ahogo. 

- ¡Vamos!

Marian tiene que tirar de mí varias veces antes de que me ponga en movimiento de nuevo. Cierra la puerta y echa el cerrojo. Corre hacia el armario blanco y lo empuja hasta dejar una puerta al descubierto. La abre y me lleva hasta a ella. 

- Hola, princesa. 

Otra vez esa maldita risa que ya hace eco en mi cabeza. Me giro hacia Marian y veo que se aleja y sujeta la puerta. 

- ¡Marian, no!

- Lo siento, Charlotte, juré protegerte desde el día en que naciste.

Cerró la puerta. La oí colocar el armario en su sitio. 

Quería gritar, quería gritar más fuerte que nunca, pero si lo hacía sabía que todo había sido en vano. 

Sonó un estruendo y recordé la puerta destrozada de la biblioteca, deduje que esta la habían tirado con la misma facilidad.

- Vaya, vaya. Tú no eres la princesa, ¿dónde está?

- A salvo. – Contestó rotundamente Marian.

- Oh, querida, aquí no hay nadie a salvo. Eres muy valiente. 

Se oyen pasos, cada vez suenan más cerca.

- Una pena que vayas a morir. – Dijo en tono burlón.

- Moriré con honor pues. No te tengo ningún miedo. 

Un grito ahogado de Marian zanja la conversación. Se oye otro golpe. 

- Nunca debió decir eso.

Esta vez ríen los tres, como si de una broma se tratase.
Marian había muerto, no me lo podía creer, y todo por salvarme. ¿Habrían corrido los demás la misma suerte? Los guardias, el resto de criados, ¡oh!, ¡Dios mío!, mi madre.
Intentaba no gimotear, pero me era casi imposible, no podía respirar. Me faltaba el aire, me ahogaba. Empecé a ver todo nublado, todo me daba vueltas, me pitaban los oídos y gotas de sudor frío resbalaban por mi rostro. 

- Víctor. – Se suma una cuarta voz. – Fuera todo limpio, ¿nos vamos?

- Sí, vámonos. 

Se escuchan muchos pasos alejándose. Permanezco allí, mareada, y me voy recobrando poco a poco. Escucho fuera los caballos retirarse, forman un gran bullicio al irse.

Alguien entra en los aposentos, por fin me iban a sacar de allí.  

Oigo como arrastran el armario y la puerta se entreabre. La empujé con una mano.
 
 - Hola, princesita.

Inhalo y se me corta la respiración. 

- Víctor.



viernes, 26 de agosto de 2016

Boulesis (Nota de suicidio)


No fuisteis capaces de comprender mis advertencias. Tuvisteis miedo, comprendísteis que mi realidad iba mucho más allá de la vuestra. Llamásteis locura al simple hecho de no estar capacitados para ver la realidad como yo la veía.
Os negáis a creer en aquello que no podéis comprobar, refutais mis ideas como falsas hipótesis de una persona enferma.
Lo llamásteis psicosis aguda porque no fuisteis capaces de llamarlo de otra manera.
No me entendéis, y eso os asusta. Queréis englobar con vuestra mente todos los resquicios de realidad de la vida, sin ni siquiera plantearos la posibilidad de que exista aquello que vosotros no veis, y yo sí.
Tal vez no esté tan loca como pensáis, tal vez mi mente no esté enferma sino simplemente capacitada para ver mucho más allá que vosotros, pero claro, vosotros eso no lo veis así.
No sé si hago bien o hago mal, no sé el nivel de culpa que ésto generará, ni en quiénes. Hace ya tiempo tomé una decisión, una demente decisión de una persona enferma, ¿no? Así lo veréis, así intentaréis eximiros de toda culpa, acusándome de locura, poniendo vuestra mente por encima de la mía sin motivo.
¿Sabéis qué? Todo eso ya da igual. Me habéis hecho ver que éste no es mi mundo, que nada de lo que creo existe, que no hay fantasmas ni presencias... pues bien, intentaré irme con 'Ella', tal vez ese sí sea mi mundo.
Y si os empeñáis en darle nombre a mi muerte, no lo llaméis demencia, ni psicosis, ni siquiera suicidio, porque la causa es más simple que todo eso: prefiero teñir de rojo las blancas sábanas de mi cama cuando éstas presionen sobre mi cuello hasta mi último suspiro, que vivir en un mundo de locos que no es el mío.

Adiós y gracias.

viernes, 19 de agosto de 2016

Boulesis (Día X)


Hoy es un día. Un día cualquiera.
Llegué a perder la noción del tiempo en el momento en el que dejé de ver la luz del sol. Es curioso pero eso en parte me relaja, pues me recuerda a aquellos días en mi habitación, encerrada en casa. Si no fuera por mi móvil o mi portátil, no hubiera tenido ni idea de en qué momento del día estaba.
Ahora es distinto, no puedo saber qué hora es ni cuánto tiempo llevo encerrada. Los primeros días me guiaba por las veces que entraban a dejarme la comida pero ahora ya no sé si es la comida o la cena.

He ido notando cambios. Al principio mi amiga venía a verme de vez en cuando. Ese 'de vez en cuando' fue extendiéndose a un 'muy de vez en cuando' y ahora ya simplemente hace días que no sé nada de ella. En cuanto a mi familia... el doctor dijo algo de que ellos conocían mi situación, pero simplemente preferían no verme. Ante el rechazo de mi propia familia y de mi mejor amiga, creo que estoy definitivamente sola en el mundo, en 'mi mundo'.

Todo lo que ocurra a partir de ahora, pues mi situación ya no puede mejorar, será culpa de la gente que decidió tenerme aquí encerrada. Mi único contacto exterior, por así decirlo, es cuando el doctor viene a hablar conmigo. Él dice que tengo un problema, que creo fielmente en cosas que no existen.
Volvió a preguntarme por 'Ella' y esta vez le hice partícipe de mis teorías, pues ya... ¿qué más daba? Le dije que no sabía quién era pero podía asegurar con certeza que era peligrosa, le hablé de 'Ella', de la presencia, del pasillo blanco, de la puerta metálica, del niño del paso de cebra, de mi estrategia con la webcam, de los correos de letras rojas, de la televisión estropeada... Y rompí a llorar, profundamente desconcertada, pues a medida que iba avanzando la conversación, iba comprendiendo el sinsentido de los sucesos que yo misma le estaba narrando, sucesos que había vivido y que ahora veía lejanos y totalmente aislados de cualquier tipo de lógica.

Está bien, tiene razón, no estoy segura de nada... Pero él tampoco lo está, nadie puede estarlo. Nadie puede saber en qué medida todo lo que vivimos es real...
Se lo dije, le dije que puede que fueran ellos quienes estaban locos y no yo. Él simplemente levantó la cabeza y miró a alguna parte del techo de la estancia como si hablara con el ambiente que cobijaban esas cuatro paredes acolchadas, y dijo algo así como: 'Cuarta fase: persuasión.' ¿Con quién hablaba? ¿Qué estaba pasando? ¿Y si... tal vez... estuviera dirigiéndose a 'Ella'? Algo ha hecho clic en mi cabeza. Ellos están en mi contra... Todos lo están, y 'Ella' también y ellos lo saben... saben que tengo razón e intentan hacerme creer que estoy loca... Pero no lo estoy, ¿cómo iba a estarlo? ¡Sé perfectamente que las cosas que he visto son reales! Entré en un estado de profunda ansiedad y el doctor mandó que alguien me inyectara algún tipo de calmante antes de abandonar la sala.

Eso es todo lo que recuerdo de este día, al fin y al cabo, un día cualquiera dentro de esta monotonía en la que me he visto obligada a vivir.

viernes, 12 de agosto de 2016

Boulesis (Día 4)


Hoy ya no escribo desde mi habitación.
Lo que ocurrió anoche pasó demasiado rápido como para ser descrito con claridad.

Efectivamente, alguien llamó a mi puerta y yo corrí asustada a ocultarme entre mis sábanas. Oía golpes, la voz de mi amiga preocupada decía: '¿Estás bien? Por favor, contesta, es por tu bien...' Yo hice caso omiso de sus advertencias, no estaba sola, sabía que alguien más estaba con ella y ese alguien logró echar la puerta abajo.
Me agarraron, alguien o algo me agarró. Intenté liberarme sacudiendo mi cuerpo torpemente y entonces, noté un pinchazo en el brazo. A partir de ahí todo se empezó a nublar y fue aún más confuso. Pude ver como un hombre me cogía en brazos y tras echar un rápido vistazo a la habitación, pronunció una orden a alguien sobre algo de 'registrarla entera'. Él procedía a sacarme de esa habitación, yo intenté moverme, zafarme de alguna manera de su agarre, pero mi cuerpo ya no me respondía y mi vista cansada se fue apagando poco a poco.

Ahora, como bien dije, ya no escribo desde mi habitación.
Me llevaron a una especie de psicólogo. Los muy ingenuos creen que estoy loca. Intenté explicarles que no debían fiarse de nadie, que yo perdí el juego al ser abierta la puerta de mi casa en contrariedad con los avisos del correo, que debían dejar que todo siguiera igual, que 'Ella' estaría enfadada...
Me preguntaron por 'Ella', me pedían explicarles quién era y por qué estaba enfadada. Ellos no entienden nada... No me entienden.
Me frustré ante aquel interrogatorio, no quería seguir hablando de 'Ella', me daba demasiado respeto, pero ellos seguían preguntando más y más, bombardeando mi mente de cuestiones de las que ni siquiera yo conocía la respuesta.
Llegados a este punto, exploté, creo que en ese momento yo ya no era yo, me levanté de la silla y les grité cosas horribles que quizás no debí haber gritado. Cosas como: '¡Dejad de unas vez vuestras putas preguntas o 'Ella' os matará a todos!'
He de reconocer que no tengo la más mínima idea de quien es 'Ella', ni que piensa, ni por qué me odia... Pero sé que no tiene preparados buenos augurios para ninguno de nosotros, simplemente lo sé y no quisieron hacerme caso.

Ahora estoy en un sitio aún mas raro, en una habitación demasiado pequeña y blanca, con una cama y un baño resguardados entre cuatro claustrofóbicas paredes acolchadas, con arañazos y desgarros de la tela en algunas partes. La puerta está blindada y resulta imposible salir de aquí. No sé muy bien como me las ingenié para evitar que me confiscaran mi preciada libreta, por lo que seguiré escribiendo y reflexionando aquí todo lo que pueda.

Antes entró alguien y me dejó una bandeja con comida, parecía asustado, a lo mejor él comprende que yo no debo estar allí y que 'Ella' está enfadada conmigo por haber desaparecido. Iba a preguntarle, pero no me dio tiempo, cuando quise darme cuenta ya estaba cerrando de nuevo aquella horrorosa puerta.

...

Ha pasado un rato desde que ingerí esa comida sosa y servida en bandeja con cubiertos de plástico.
Alguien abrió una rendija de la puerta de hierro y dijo: 'Mañana vendrá el doctor a hablar contigo, por ahora, descansa.'
Y volví a quedarme sola en la penumbra de aquella claustrofóbica habitación hasta que, aburrida y devastada por los constantes interrogantes que asaltaban mi mente, finalmente logré quedarme dormida en mi nueva e incómoda cama, con una demente decisión en mi cabeza.

viernes, 5 de agosto de 2016

Boulesis (Día 3)


Cuando me desperté, lo primero que hice fue comprobar el móvil. La llamada de mi amiga la noche anterior, estaba ahí. Pero yo ya no confío en nada ni nadie.
En mi correo había un mensaje de ella, en el que me preguntaba por qué no asistí a la fiesta el día anterior. No contesté y apagué el portátil.

Cada día me parecía sentir más la presencia del pasillo, no sabría describir qué sentía exactamente cuando me refiero a esa 'presencia', pero era incómodo, como estar sumida en una constante situación de alerta, como si de un momento a otro fuera a pasar algo y no sabía qué... ni cuándo. Y eso me estaba volviendo loca.
Pero no estoy loca, no. ¿Cómo iba a estarlo? Si lo estuviera no se me habría ocurrido la magnífica idea que os contaré a continuación:

En uno de los cajones del escritorio había una pequeña web cam que solía usar para hablar por Skype con mis amigos cuando ellos estaban en una parte más segura dentro de mi mente. A continuación me acerqué a la puerta que daba al largo pasillo blanco. Actué rápido, pues cualquier mínimo segundo de estancia en aquel pasillo se me hacía realmente agonizante. Cogí cinta adhesiva y unas tijeras y abrí rápido la puerta. Coloqué la pequeña cámara en un punto estratégico en el pasillo y la anclé al suelo con ayuda de la cinta adhesiva.
La presencia me presionaba, a 'Ella' no le gustaba ésto, yo lo sabía. Estaba enfadada, yo estaba perturbando la paz de su pasillo, estaba alterando su espacio con la incursión del pequeño objeto que coloqué en el suelo.
La presión crecía más y más. Mis manos temblorosas agarraron de alguna manera las tijeras cortando el extremo sobrante de la cinta adhesiva. Me aseguré en un rápido último vistazo de que todo estuviera bien colocado, en orden.
Me dolía la cabeza, era la presión, era la presencia... 'Ella' se estaba enfadando.
Pasé el cable por debajo de la puerta y entré rápido en mi habitación. Sentía que 'Ella' (me referiré a la presencia como 'Ella') estaba a punto de abalanzarse furiosa sobre mi tembloroso cuerpo. Guardé unos instantes de silencio, por el irónico miedo de perturbar el propio silencio de mi soledad. Conecté la cámara al portátil, entré en 'Configuración' y posteriormente elegí la opción 'Vista previa'. Vi el pasillo, el blanco pasillo alargado parecía aún más grande y claustrofóbico a través de la lente de la pequeña cámara. Ahora podría tener controlada la única zona que me conecta al mundo exterior sin necesidad de salir de éste, para mí, el único lugar seguro existente.
Me senté en el suelo con la espalda apoyada en la puerta y el portátil cerca de mí, para poder tener el pasillo controlado, para tratar de alguna manera controlarla a 'Ella'.

Entre aquella extraña paz, tras la tensión del momento en el que instalé el dispositivo en el pasillo, debí de quedarme dormida con la espalda apoyada contra la puerta. Lo que me despertó fue un sonido proveniente del portátil y eso me alarmó.
Vi que era un correo, un simple correo. Uno de aquellos que consideraba spam y ahora eran simplemente mucho más que eso.
Eran avisos, alguien lo sabe. Me quieren proteger, ¿o quieren acabar conmigo? No me fio de nadie, ni siquiera de aquel que dice que no me debo fiar de nadie. Abrí el correo con curiosidad, las mismas letras rojas se presentaron ante mis ojos en el mismo momento en que abrí el mensaje:

"Parece real, pero no lo es. Ten cuidado, harán lo posible para que les creas. Si abres la puerta, pierdes."

Me di cuenta de que estaba temblando cuando mis manos tropezaron en el intento de cerrar la ventana que albergaba el profecístico mensaje. En lugar de ello, la minimicé de forma que la ventana que contenía el mensaje se hizo a un lado dejándome ver también en la pantalla la imagen que estaba captando la cámara en ese momento.
Miré atentamente la imagen, pues por un momento creí que mi subconsciente estaba empezando a traicionarme. Pero esta vez no, era real. O al menos estaba segura de estar viéndolo con mis propios ojos. Si, definitivamente, alguien estaba abriendo la pesada puerta metálica.

Corrí lo más que pude, como un niño que apaga la luz y corre a ocultarse bajo sus sábanas sintiéndose así más seguro antes de irse a dormir. Me oculté yo también bajo las sábanas tratando de convencerme a mi misma de la falsedad de la clara imagen que habían visto mis ojos.
"Parece real, pero no lo es."
No estoy loca, soy demasiado ingeniosa para estarlo. Contaré hasta diez para calmarme. Sí, eso haré.
Uno...dos...tres...cua...
Alguien está golpeando mi puerta.
"Si abres la puerta, pierdes."

sábado, 30 de julio de 2016

Boulesis (Día 2)



El día siguiente fue uno de esos días optimistas en los que crees que todo va a salir bien y todos los malos presagios parecen no más que productos de tu imaginación. Me reí de mi misma pensando en el miedo que experimenté el día anterior al creerme completamente sola, como si todo no hubiera sido nada más que una traición del subconsciente.

Lo primero que hice después de desayunar fue encender el portátil. Entré en mi correo y vi que mi mejor amiga estaba conectada. Decidí hablarle.
Hey! te llamé ayer pero no me cogiste el teléfono, ¿qué tal todo? - 10:06

Dejé el portátil con sonido por si me contestaba y fui a tratar de encontrar una solución para aquella televisión que no encendía. Los cables estaban todos desenchufados, sujeté el extremo de uno de ellos con una mano y el otro con la otra y los miré confundida sabiendo que no tenía ni la más mínima idea de cómo hacer para que ésto funcionara. Entonces sonó el portátil.
Era extraño, el mensaje no era de mi amiga, era un correo anónimo, probablemente spam o algo parecido. Entré en la bandeja de entrada y vi un mensaje bastante raro. Al abrirlo se podía leer en unas grandes letras rojas:

  'No confíes en nadie, ellos tratarán que hagas exactamente lo que quieren. No confíes, por muy real que parezca.'

Un mensaje raro, tal vez una de esas cadenas estúpidas... ¿O tal vez no?
Recibí otro mensaje, esta vez si era mi amiga:

Hola! Qué es de ti? Hace tiempo que no hablamos. Hoy hay una fiesta en el bar Orlando a las 00:30 a dos manzanas de tu apartamento, te vienes? - 10:34

Titubeé antes de responder. "Es buena idea salir y despejarme... Sí, eso es lo que necesito", pensé tratando de autoconvencerme.

Allí estaré - 10:36

Un resplandor a mi espalda me sorprendió iluminando tenuemente la pared que tenía justo enfrente del escritorio. Me giré bruscamente y me pareció ver como la tele del salón parpadeaba en una pantalla gris, sin sonido. Si fue así, aquello no duró más que unas décimas de segundo, lo suficiente para plantearme si fue real... o no.

Me levanté y me coloqué justo delante de aquella vieja televisión, volví a mirar los cables y, alarmada, sujeté nuevamente el extremo del cable que estaba observando antes de ir a mirar el mensaje del ordenador. Estaba todo desenchufado.
Pero yo había visto ese resplandor. Lo había visto... ¿verdad?
No estaba segura de nada, todo era confuso para mi en ese momento, había vuelto a mi estado del día anterior. No me entendía a mi misma ni nada de lo que pasaba, e intentar organizar mis ideas y las cosas extrañas que me están pasando es inútil.

Pensé en el mensaje de letras rojas que antes había considerado una cadena tonta, ahora significaba mucho más.
Decía que no me fiara de nadie, que algo o alguien intentaría ultilizarme y que las cosas no son lo que parecen. ¡¿Cómo se supone que debo tomarme eso?!
Tras ir a la nevera a por algo de comer, me acurruqué en un extremo de mi cama, me tapé todo lo que pude con las sábanas y empecé a darle vueltas al asunto.
¿Y si alguien me buscaba? Una especie de psicópata o algo así... ¿Y si va más allá? ¿y si todo tiene que ver? El mensaje, la televisión, la presencia del pasillo, las calles vacías, mi amiga...
Mi amiga. Ella era real, estoy segura, es lo más firme a lo que podía amarrarme, así que decidí volver a hablarle por correo.

Me destapé lo justo para poder alargar el brazo y coger el ordenador. Entré de nuevo en el correo y abrí su conversación (llegados a este punto he de decir que no tengo teléfono móvil, solo fijo. El móvil dejó de funcionar después de tratar de llamar ayer a mi amiga, ¿casualidad?).

Oye, te apetece iniciar una videollamada? - 13:01

En lo que contestaba, empecé a investigar el correo extraño de antes. Vi que había sido mandado a más correos aparte del mío, como una difusión... Tal vez sólo sea un mensaje que un gracioso a soltado y se ha ido propagando hasta llegar a mi bandeja de entrada. Pero la idea de que realmente es un aviso importante, no se va de mi cabeza.
Nuevo mensaje.

Claro, llama - 13:10

Miré el botón de llamada, se me haría raro escuchar la voz de alguien después de tantos días, hacía tanto que no hablaba con nadie... Pulsé el botón.
Un toque... dos... tres...

Hola.

Rotundo, melodioso. Era su voz... sí, era ella.

Hola, ¿qué tal? -dije.

No me respondía, sólo se oían extraños siseos de fondo. 

¿Hola? -volví a decir.

Ahora no puedo hablar, lo siento. Adiós.

Colgó.
Eso fue raro, muy raro... ¡Todo era raro! ¿Qué estaba pasando?
Apagué el portátil y me tumbé en la cama.
Era ella... ¿verdad?
No confíes, por muy real que parezca.

Enterré la cabeza entre mis manos. Ésto no me podía estar pasando.
"Era ella... Era ella...", susurraba a las cuatro paredes de mi habitación.

No sé muy bien cómo, pero después de eso me quedé dormida hasta que un ruido proveniente del pasillo me despertó. Miré el reloj, eran las 23:35, en menos de una hora había quedado con mi amiga y aún no me había preparado.
Me levanté y me di una ducha. Me puse algo medianamente formal para una fiesta pero no quise arreglarme demasiado, me maquillé un poco para evitar las ojeras y me dirigí a la puerta.
No quería volver a sentir la 'presencia' del pasillo. Entonces me di cuenta de que el ruido que me despertó venía de allí.
Hice algo estúpido, como una niña de cinco años que apaga la luz de su habitación y corre hacia su cama a ocultarse bajo las sábanas por miedo a la oscuridad. Cerré los ojos y corrí recto, para no tener que ver ese estúpido pasillo de paredes blancas. Iba con los brazos estirados y cuando noté la puerta metálica del final, la empujé rápidamente y abrí los ojos sólo para darme la vuelta para cerrarla.
Vi el pasillo durante una décima de segundo, creo que la 'presencia' cerró la puerta tras de mi lo que me hizo correr aún más hasta llegar fuera del portal. Miré la calle, todo estaba normal. El día que salí y todo parecía desierto, se asemejaba a un mal sueño comparado con esto.
Había gente paseando por las calles, las tiendas estaban abiertas, el bar, la pastelería... Todo había vuelto a la normalidad. Aún así todo ello me asustaba, me asustaba la gente, el ruido de la calle, el movimiento... Fui a por mi coche que llevaba un tiempo aparcado allí enfrente sin que nadie lo tocara. Entré y encendí el motor. Conduje lentamente por la calle, observando a la gente que pasaba. Llegué al barrio de al lado, fue allí donde vi a ese niño esperando en aquel paso de cebra. Me miró... Agitó su mano en forma de saludo, sonrió irónicamente y cruzó. Enterré la cara entre mis manos, gesto al que últimamente me estaba habituando. "Ésta es la realidad... Pero a ese niño no lo conozco de nada, ¿por qué me saluda?", levanté la cabeza y vi al mismo niño de antes tendido en el suelo, sobre el paso de cebra. Asustada, volví a ocultar mi cara. "¿Estaba muerto? ¿por qué estaba echado en el suelo? Ésto es.. ¿real?"
Miré de nuevo hacía arriba, no había nadie allí. Ni rastro del niño. Miré hacia los lados y nada, el niño había desaparecido. Un auto que había detrás mío pitaba nervioso, el semáforo estaba en verde y yo estaba obstruyendo el paso.
"Se acabó", pensé.
Aceleré de nuevo y di la vuelta. No iría a esa estúpida fiesta, no iría a ningún sitio, sólo lo que había en mi habitación era real, lo que había más allá del pasillo blanco... ¿qué era? No estaba segura, ya no tenía claro nada.

Llegué de nuevo a mi edificio, corrí a mi habitación esta vez sin cerrar los ojos y abrí la puerta apresuradamente con las llaves. Cerré tras de mi y apoyé mi espalda contra ella.
Ahí fue cuando tuve la idea, cogí una libreta y un boli del escritorio. La abrí y en la primera hoja escribí una palabra: 'Boulesis'. Término que Aristóteles utilizó en su filosofía para hablar de 'deliberación'. Decidí empezar a escribir todo lo que me pasaba día tras día para tratar de llegar a una conclusión acerca de lo que me estaba pasando.
Sí, aquí fue cuando decidí empezar a escribir ésto, para tratar de ordenar mis ideas. Ahora sólo quiero dormir, olvidar la 'presencia' y al niño del paso de cebra.


...


Estoy en la cama, hace un rato decidí ir a dormir pero algo me despertó. Mi móvil está sonando con el tono de llamada que tenía puesto para mi mejor amiga. Pero mi móvil no funcionaba... Desde ayer no funcionaba. No es real... Estaba estropeado... No es real...
Me voy a tratar de conciliar el sueño de nuevo, no debo darle importancia a lo demás, son solo imaginaciones mías... ¿verdad?

viernes, 22 de julio de 2016

Boulesis (Día 1)


Escribo porque siento que es la única forma de ser tomada enserio.
Escribo porque siento que así alguien me escucha, de alguna forma.
Escribo porque no sé cuanto tiempo más podré aguantar siendo quien no soy.
Escribo porque así, quizás, llegue a comprenderme a mi misma.

Es extraño, ya no soy quien creía ser. Me he dado cuenta poco a poco de que hay algo más en mi, algo que aflora cuando menos lo espero, algo que no conozco... Lo que más me inquieta es no comprender ni yo misma las cosas que idea mi mente.
Puede que no sea más que el producto de mi imaginación, puede que me esté volviendo loca...

Desde que vine a vivir sola por razones de estudios, las cosas han ido empeorando. Cada vez salgo menos a la calle y creo que pasar tanto tiempo sin tomar contacto con nadie no es bueno.
Hoy decidí llamar a mi mejor amiga, pero no me cogió el teléfono, fue una de esas veces que sientes que estás sola en el mundo.
Después de ese incidente y tras tantos días encerrada, decidí salir a la calle. Abandoné mi habitación que estaba situada en una especie de sótano de un edificio y, nada más abrir la puerta, me encontré con el estrecho pasillo que me llevaba a unas escaleras hacia la parte superior. Recorrí el pasillo inquieta, con una sensación extraña que me hacía sentir algo parecido a una presencia a mi espalda, pero no estoy segura... Hace ya tiempo que no siento ningún tipo de presencia.
Llegué a la puerta metálica que me separaba del piso de arriba y la abrí cuidadosamente. Cuando pude mirar a través de ella vi el portal del edificio, la puerta de cristal que daba a la calle dejaba entrar demasiada luz para mi gusto. Sí, hacía tiempo que no veía la luz, pues mi habitación carecía de ventanas o algún otro tipo de contacto con el exterior.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la claridad, miré a través de la puerta. A pesar de ser sorprendida por la luz, fuera estaba el cielo nublado con pequeños indicios de tormenta, pero lo que me parecía más inquietante aún: no había nadie.
No había nadie por las calles, el bar de la esquina permanecía cerrado, las ventanas de la pastelería de enfrente estaban cubiertas por una cortina metálica... Comprobé mi reloj, marcaba las 18:56. Era una hora normal, la gente suele salir de casa a esa hora ¿no? Estaba sola y sentía miedo, mucho miedo.
Bajé corriendo a mi habitación, hice caso omiso del ruido metálico que la puerta del otro lado del pasillo hizo tras de mi, hice caso omiso también de la 'presencia' del largo pasillo de paredes blancas y entré en mi habitación.

Mi habitación no era del todo una habitación. Tenia lo básico: un pequeño salón con una televisión que no funcionaba (y me prometí a mi misma arreglar), una cocina que se comunicaba con el salón, una habitación pequeña con un escritorio, y un baño demasiado pequeño para mi gusto. No me llega el presupuesto para mucho más...
Quizás debería haber aprovechado las vacaciones de otra manera, quizás cuando empiecen las clases de nuevo en la Universidad, todo vuelva a su cauce, quizás, y solo quizás, todo ésto sean imaginaciones mías... Miré el portátil que ocupaba un espacio de mi escritorio. Me eché en la cama y seguí observándolo por un rato, pensativa.
"Mañana... Mañana lo encenderé e intentaré contactar con alguien...", me prometí a mi misma.

No recuerdo mucho más, pues entre el silencio sepulcral que inundaba mi habitación, percibí el suave chispear de la corriente eléctrica que recorría el cable copulativo del enchufe y la lampara que iluminaba la estancia. Y fue con ese dulce indicio de movimiento a parte del de mi entrecortada respiración, con lo que logré conciliar el sueño.

viernes, 15 de julio de 2016

Boulesis (Presentación)

¡Hola lectores! Ésta es mi primera entrada en el Blog, me llamo Alba Carbajal y vengo a presentaros una de mis novelas, 'Boulesis'. Es una novela psicológica que aborda temas como la paranoia y la soledad con un leve matiz de terror, todo ello desde el punto de vista de la propia protagonista que relatará en forma de diario su progresiva "locura".
Dicho ésto, os presento la portada y la sinopsis de la novela (de la que iré subiendo capítulos cada viernes). ¡Disfrutad!

Previamente, pido disculpas por cualquier tipo de incompatibilidad de la historia con el panorama profesional actual de la rama de la Psicología, pese a haber tratado de solventarlo con alguna documentación previa.

Bienvenidos a Boulesis y disfruten del relato.





Nada existe, nada salvo lo que veo. El mundo exterior es una mentira. Mi mente ya no es mía, ¡no es de nadie! La presencia no me deja salir... Pero... ¿existe? ¡nada existe! Hay quien lo llama locura... Pero...¿sería locura pensar en protegerme de "Ella"? Os contaré paso a paso como ha ido avanzando mi...¿locura? Ésta es mi historia. "¿Qué puede salir de tu mente cuando dejas de pensar?"