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jueves, 10 de septiembre de 2015
Una vida Difícil
Sé que no es una de las vidas más preciadas en este mundo, pero igualmente sigue siendo una vida como cualquier otra. Sé que muchos me miran con desprecio y que a nadie le importara si me muero en algún rincón y al día siguiente me encuentran tirado en mitad de la cocina panza arriba. No, a nadie le importaría. Incluso me atrevería a decir que se alegrarían muchos de ellos.
Marcho en silencio por la oscuridad. Me encanta la oscuridad y el silencio, no creo que pueda haber nada mejor… bueno si, un buen trozo de tarta. Marcho día tras día en soledad por este asqueroso mundo que no me comprende y que solo quiere acabar con migo…
-¿Solo? Pero si yo también estoy aquí.
-Calla, tu no eres nadie en este mundo, si yo no soy nadie tu menos, además siempre te he dicho que piensas con el culo. Uno ya no puede estar ni siquiera tranquilo consigo mismo, siempre tiene que haber algún pensamiento perdido que quiere discutir contigo.
Creo que huelo algo interesante, voy corriendo antes de que otro se adelante a mis movimientos y se apodere de lo que sea que huele tan bien. Si, es todo un manjar, esta exquisito y mientras yo como el resto mira desde cierta distancia, si alguno de ellos se atreve a acercarse no se qué haré. Hace tiempo que no encontraba un manjar como este.
Espera, escuchad… Si, vienen. Hay que correr a toda prisa y poner pies en polvorosa. Si me ven seguro que no podre contar con seguir otro día más con vida. Sigue, sigue, tengo que gritarme mientras corro a esconderme tras la esquina más próxima para evitar que los monstruos me vean. Por favor, osan tratarme como algo asqueroso cuando ellos son mucho más asquerosos que yo. Yo al menos no he llegado a este planeta oprimiendo al resto de criaturas, y ellos que llegaron los últimos se creen con derecho a dominar lo que antes eran mis dominios. Si pudiese empuñar sus propias armas… otro gallo cantaría.
Pero por ahora debo de permanecer escondido, oculto entre las sombras por miedo a mi propia muerte, o a que experimenten con migo que sería lo peor. A mi primo Juan lo capturaron y experimentaron con el asta la muerte, cientos de gases, de productos que le hacían retorcerse de dolor y todo por intentar conseguir algo con lo que exterminarnos.
La verdad es que prefiero una muerte rápida antes que todo eso.
Bueno, de momento descansare aquí escondido, creo que no lograran encontrarme aquí. Mientras descanso miro alrededor y veo como los míos permanecen escondidos, al igual que yo, a que la noche vuelva a caer y podamos salir sin temor a los monstruos gigantes. Que solitaria es esta vida…
-Que yo siempre estoy contigo, sé que no me quiere oír, pero por más que quieras evitarlo soy parte de ti, tanto como tu mismo.
-De verdad que me saturas. Cállate y descansa, en otro momento discutiremos sobre quien es quien y quien es el más importante. Pero ahora cállate que tengo que pensar en cómo conseguir algo más de comida, me muero de hambre y estos gigantes no me dejan comer en paz.
Pasan las horas y he de permanecer en silencio escondido tras algunos resquicios, mientras ruego porque no me encuentren o será mi final. El frescor de la noche vuelve, lo siento en todo mi ser, que agradable es esta sensación. La verdad es que adoro el clima tropical, pero es exceso de calor me mata. En esos momentos de calor extrema, tengo que correr a buscar algo de frescor.
Ahora podemos salir en busca de más comida. Es muy duro tener que mendigar por un trozo de pan mientras ves como los asquerosos gigantes comen y comen terminando con todos nuestros recursos naturales sin importarle nada. Es como si desde que llegasen a la tierra solo pensasen en terminar con todo y marcharse a otro planeta antes de terminar de destruir este.
Corro de nuevo, no es bueno estarse quieto mucho rato. Contra más tiempo permanezca en un mismo sitio, mas fácil le resultara encontrarme y terminar con mi mísera existencia. Por ello me veo obligado a correr sin parar día y noche, solo me puedo permitir unos minutos para descansar antes de volver a correr hasta que mis pulmones amenazan con estallar.
Creo que he visto algo, si, a través de aquella ranura parece que hay algo… Vendito el del cielo. Acabo de encontrar una grieta en el muro y detrás está repleto de comida. Exquisita y suculenta comida. Este es el momento de saciarme antes de que puedan encontrarme y de tener que volver a salir corriendo.
-Aprovecha, estas cosas solo suceden una vez en la vida.
-Por una vez tengo que darte la razón, y eso que no me caes bien. Más bien te odio porque haces que mi mente se vuelva confusa y distorsionas mis pensamientos cuando quieres. Pero por una vez tengo que estar de acuerdo contigo.
Pero dejemos a un lado todo esto y aprovechemos el bufe libre que se han dejado esos asquerosos gigantes.
Como con ansiedad pensando que esta puede ser la última vez que pueda encontrar un momento para comer y más aun alimento que llevarme a la boca. Mientras me lleno la boca creo vislumbrar algo más de luz… no, me he despistado y me han descubierto. Me mira con asco y odio, no entiendo el motivo, si yo realmente no le he hecho nada. Permanezco inmóvil, con la esperanza de que crea que se ha equivocado y se confunda.
No ha surtido efecto, tengo que correr por salvar mi propia vida. Me escabullo por la grieta y corro por la explanada a toda velocidad, el gigante me persigue. Debo de conseguir entrar en aquella callejuela o estaré muerto.
Me ha dado, mi pierna está rota. Parece que el gigante está confuso, parece creer que me ha matado. He de aprovechar el momento. Un último esfuerzo y… Sí, he logrado sobrevivir a mi primer encuentro con la muerte. Esos gigantes puede que dominen el planeta, pero no son tan inteligentes.
Me arrastro mientras busco algún oscuro rincón en el que poder descansar. Mientras camino miro a mi alrededor y husmeo el aire en busca de algún indicio que pueda darme una pista de lo que me rodea. Tuerzo una esquina y veo el mayor horror de toda mi existencia.
Varios hermanos han caído en una trampa de los gigantes. Sus cuerpos yacen inertes sobre el frio suelo, algunos aun convulsionan mientras el veneno de la trampa recorre sus cuerpos. Qué difícil es seguir en pie en este mundo cruel, que duro es subsistir.
-Es muy duro ser tu otro yo, pero aun es más difícil ser, en este mundo, una cucaracha.
martes, 8 de septiembre de 2015
Desde el trono
Ahora que si vida llegaba a su fin, ahora que estaba solo sobre su trono, ahora que toda la ciudad había sido arrasada y los pocos supervivientes lloraban la pérdida de sus seres queridos, su vida entera era recreada en su mente con gran lentitud. Como si el capricho de los dioses le hubiese permitido vivir una segunda vez, para repetir inexorablemente, todos los triunfos y fracasos que había sufrido en su propia piel durante todos aquellos años.
Recordaba su infancia en la pequeña aldea de la costa del Mar del Fin del Mundo, y como con tan solo doce años se había tenido que enfrentar a los bandidos que habían matado a toda su familia y a los vecinos de la aldea por algunas escasas monedas, un puñado de gallinas y algunas cabezas de ganado. Recordaba con total nitidez como lo habían humillado y las risas que proferían al jugar con su vida, pero finalmente cometieron el peor error posible, le habían permitido seguir con vida, le habían dejado ser el único superviviente de aquella apartada aldea.
Durante años los había perseguido y buscado, dando caza a bestias, malhechores, asesinos y, muy de vez en cuando, a alguno de los pocos que seguían vivos de aquella partida de rufianes. Uno de los episodios que había vivido con más intensidad y que ahora revivía, y le hacía aferrarse con uñas y dientes a la vida, fue aquellos días en los que dio caza al Tahuma de Brether.
Una bestia salida del mismísimo infierno, con cuerpo de hombre y cabeza de toro, y unos cuernos del tamaño de dos robles. Aquella bestia tenia la fuerza de cien hombres y la rapidez del viento, pero, para su desgracia, la misma inteligencia que un morlaco cualquiera.
Había sido una lucha cruenta y sanguinaria, habían destruido un bosque entero en su camino, derribado acantilados con su fuerza y arrasado la vida de cientos, tal vez miles, de desdichados humanos y animales que por desgracia se habían cruzado en su camino. Hasta que finalmente, y haciendo gala de su reducida inteligencia, el Tahuma quedo atrapado por sus astas al embestir la pared de una montaña.
Él había sentido la tentación de abandonarlo allí a su suerte para que falleciese por el hambre o algo peor aún, pero finalmente se había apiadado de la bestia y lo había ayudado a liberarse pese a saber que aquello podría suponer su propia muerte. De aquello hacia ahora muchísimos años, pero hasta hacia apenas unos minutos la lealtad del morlaco había sido incuestionable. Ahora yacía a escasos metros del trono, ensartado con decenas de espadas y flechas, y todo por intentar salvarlo a él, y ahora su propia vida, sin importar el sacrificio de su amigo, se consumía rápidamente…
La tos regreso y con ella el fuerte dolor de su pecho. Se había dejado desfallecer, pero el capricho de los dioses lo había devuelto una vez más para recordar a los amigos que ahora lo contemplaban desde el encharcado suelo con sus miradas vacías perdidas en el infinito. Amigos que ya no estaban… Pero aun le quedaba uno vivo que se afanaba por limpiar la ciudad de la escoria que se había atrevido a atacar el reino. Si, seguía vivo, lo podía oír volar, lo oía rugir en la distancia, sin duda alguna aquel era su leal compañero Ralok.
Había llegado a Hernestia persiguiendo al penúltimo de los barbaros que habían arrasado con su aldea. Un pequeño hombre sin escrúpulos que mantenía sometido a sus designios a Reyes y Nobles de toda Hernestia. A miles de almas aterradas por el mero hecho de ser capaz de mantener bajo sus embrujos el control del mayor arma que conociese la humanidad, del último alma libre de la naturaleza, por ser capaz de manejar con oscuras artes al último descendiente vivo por cuyas venas corría la propia sangre de la madre tierra, Ralok el ultimo dragón con vida.
Tulín, como se llamaba realmente aquel bastardo, se había cambiado el nombre al de Amuldrac, un nombre con poder para un gusano que había vendido su alma a los demonios para ser capaz de controlar a aquella bestia. Un hombre enfermo que creía cambiar su pasado, su vida y su ser, al cambiar de nombre.
Pero para él no importaban los nombres, solo los hechos marcaban el destino de los hombres y aquel hombre había matado a sus padres, y por aquellos hechos ahora pagaría con su muerte y la de todos aquellos que osasen interponerse.
Los nobles le habían ofrecido poner bajo su mando a sus mejores hombres, habían concertado matrimonios con sus hijas y sus mejores doncellas, le habían regalado cofres repletos de joyas y oro, incluso más de un trono le fue ofrecido como recompensa si lograba librarlos de su tormento. Pero todo aquello lo había reusado, solo la sed venganza y el honor de sus ancestros le hacían luchar contra aquella sabandija.
Había acudido a buscarlo a las montañas negras, junto al rio Ad-Vhil, en el norte de Hernestia. Un lugar árido y escarpado, cuna de Ralok. Piedras como cuchillas que cortaban la carne con una facilidad asombrosa, paredes pulidas imposibles de escalar, una pared de cientos de metros hasta coronar la cima desde la que Amuldrac, Tulín, gobernaba con terror, y con la ayuda del dragón, toda Hernestia.
Durante horas había escalado en solitario por la cara Este de la montaña, dura de escalar y a la vez la más difícil de vigilar desde la cueva en la que moraba la curiosa pareja. Con el caer del sol había logrado alcanzar la entrada al túnel.
Alzo sus ojos y desde la penumbra cavernosa, dos brasas que ardían lo miraban con fijeza. No se había percatado de un leve corte que había recibido en la pierna y por el que brotaba un escaso hilo de color ámbar, pero aquello había sido suficiente como para que el dragón despertase con el olor de la sangre.
La bienvenida fue calurosa y atronadora, Ralok rugía con fiereza y desde la profundidad de su garganta le lanzaba llamas que hacían derretirse las piedras. Tulín espoleo al dragón y este arremetió con todas sus fuerzas. Recordaba que a punto estuvo de caer, incluso el vértigo sentido inundaba de nuevo sus sentidos, pero los dioses la oportunidad de agarrarse a la punta de la cola de la bestia. Durante horas había permanecido colgado hasta que logro alcanzar la grupa sobre la que se mantenía el bastardo, por suerte no se había percatado de nada.
Aun hoy en día se preguntaba cómo era que el animal nunca hubo intentado deshacerse de él y mucho menos de porque oculto aquello al hombre que dominaba su espíritu, la única explicación que podía darse a sí mismo, ya que Ralok jamás hablo con nadie de aquel día, era que por más que Amuldrac dominase el elemento del dragón, la propia esencia permanecía libre.
El brillo de la hoja al sacarla de su funda, el viento soplando con fuerza en su rostro. Cerró los ojos y encomendó su filo a sus deidades una vez más, lanzo con furia su estocada y sintió con placer como esta alcanzaba su objetivo. Abrió de nuevo los ojos justo a tiempo para ver perderse entre las nubes el asombrado rostro del temido Amuldrac. Incluso ahora que lo revivía por segunda vez, creía ver que una sombra engullía a Tulín en su infinita caída.
Tras aquello, tras recobrar Ralok su propio ser, le había jurado lealtad por conseguir salvar su alma inmortal del yugo de tinieblas en las que Tulín la había encerrado hasta la eternidad.
Sintió el cálido y nauseabundo aliento de su fiel amigo directamente en su rostro. Volvió a abrir los ojos, parecía como si Durión no quisiese llevárselo a la otra orilla hasta que terminase de revivir toda su vida. Entre las penumbras que se habían adueñado de su vista, vio las ascuas que ardían en las cuencas oculares de Ralok. Si su fiel amigo había regresado junto a él, no había otra explicación de que el sueño estaba a salvo. Le parecía oír algo, un susurro que parecía provenir desde los confines del mundo, era la voz del dragón, pero débil y lejana.
-Viejo amigo, junto a ti me hallo en estos duros momentos últimos de tu vida mortal para decirte que el reino ha sido salvado.- rugió Rolak.- No puedo permanecer impasible mientras veo como se apaga tu vida. Aun hay tiempo para que te salves tu también, solo tienes que permitir que mi alma te inunde.
-No, no puedo permitir que malgastes tu alma con migo. Seguro que la necesitaras para algo mucho más importante en un futuro. Mi tiempo se ha consumido y los dioses me reclaman, solo espero que esto no termine con mi viaje a la otra orilla… ¿Ralok? ¿Donde estas Ralok?- gritaba atormentado.
La oscuridad del mortecino sueño había acudido de nuevo para cegarlo y envolverlo en sus recuerdos. Unos recuerdos que lo hacían retornar a cuando consiguió el trono de este sueño, cuando hallo al último, al más joven, de los bandidos que asaltaron su aldea.
Los inexplicables designios de la fortuna le habían conducido a sentarse en el trono de un pequeño reino. Aquella ultima lagartija era Rey, aquello le dificultaría su venganza, pero si ni un dragón había logrado interponerse en su venganza, menos aun lo aria un trono.
Se adentro en la ciudad como peregrino y logro acercarse hasta la puerta del castillo. Recordaba con claridad el brillante símbolo que lucían sobre sus plateadas armaduras los soldados de guardia. Le resultaba extraño que un bandido escogiese para su ejército como símbolo un sol amaneciendo sobre un mar en calma y en mitad de este dos palomas volando juntas.
Hablo largo rato con los guardias para pedir audiencia con el Rey y, para su asombro, le permitieron pasar sin preguntar tan siquiera el motivo de su visita ni ponerle resistencia alguna.
Lo condujeron por los pulidos y, aunque escasamente, decorados con exquisito gusto. Por los pasillos abundaban los criados que se afanaban en atender al populacho, decenas de soldados que custodiaban la paz de los numerosos salones abarrotados de gente llana y, sobre todo, el silencio y la paz. Todo aquello lo sorprendía y abrumaba, hubiese esperado cualquier cosa antes que aquello que estaba viendo.
En el trono esperaba ver al joven bandido que años atrás arrasara su pueblo, pero en su lugar se encontró con un hombre marcado por los años, con grandes surcos y cicatrices en el rostro, un hombre de pelo gris y porte duro, pero en cuyos ojos reinaba la bondad y la sabiduría, y pese a sus profundas marcas su rostro era la viva imagen de la dulzura y la generosidad.
Aquel hombre lo miro con su profunda mirada y solo unos segundos bastaron para que por las ventanas de sus ojos asomase la certeza del recuerdo. Se alzo del trono y con voz que denotaba un poder espiritual como jamás antes hubiese experimentado y una calma que se contagiaba, dijo…
-Sé quién eres y que has venido a hacer. Soldados, que nadie se mueva pase lo que pase. Hace años que aguardo este momento, el día en que redimiese todos los pecados que cometí en mi juventud. Solo te pido que sea rápido, ya que no temo al dolor.
Quería hacerlo, la sangre de sus venas ardía y lo empujaba a acabar de una vez por todas, durante años había soñado con el fin de su venganza, pero pese a todo no podía. Sabía en su interior que no debía de hacer aquello por lo que había sobrevivido tantos años.
-No has podido pese al daño que te cause, eres noble y en tu corazón florece la gloria de los dioses. Tu eres aquel con quien soñé. Ahora que te tengo delante se que eres tu quien debe de continuar con el legado que los mismísimos dioses me otorgaron en un sueño. Este trono es tuyo, el sueño es tuyo, tu aras realidad lo que es solamente una idea de los designios de los cielos. Contigo haremos que todas la tierras se unan bajo una misma bandera de paz y sabiduría, respeto y unión, que todos los pueblos se unan bajo un nuevo amanecer de gloria y bendición.- y aquel Rey, que años atrás había sido un bandido, le entrego la corona de su reino y le juro lealtad delante de todos los presentes.
Así es como había terminado con la pesadilla de su venganza y había comenzado un sueño de un nuevo amanecer para él, para el reino, para el mundo entero.
Reunió a sus amigos, Ralok, Tahuma y a tantos otros que había conocido a lo largo de su camino, y junto a todos ellos lucho por un sueño mejor, por una única nación en paz, por un reino sin temores ni hambrientos, por un mundo mejor en el que todos fuesen iguales ante los ojos de los dioses y la justicia.
Durante años había defendido con su propia espada al indefenso, al pobre, al oprimido… Reyes y nobles le habían jurado pleitesía y le habían entregado sus ejércitos y tierras en pos de un sueño, y todo ello lo habían conseguido sin derramar jamás gota de sangre alguna de nadie que no mereciese sufrir dicha pena.
Pero ahora, tras años de gloria y paz, se preparaban para partir. Habían librado su última batalla y, pese a vencer, sentía que había perdido demasiado en ella. Oscuras almas, perros del infierno, comandados por el mismísimo dios oscuro, habían cruzado el mar del fin del mundo, las tierras de todo el continente, hasta llegar a la capital de donde nacía el sueño de los dioses y asestarle un golpe mortal a esta…
Se vio sentado en el trono recordando su vida, con la flecha clavada en el corazón que marcaba los segundos de vida que le quedaban aun. Una densa niebla comenzó a envolverlo todo y pese a la flecha, las heridas y el caos, se sentía en paz. El dolor había cesado, el sufrimiento, la fatiga… La barca de Durión acababa de llegar para buscarlo. Salto a la cubierta del bote y se acomodo para su último viaje.
Mientras la barca surcaba las aguas oscuras de la muerte, el comenzó a sonreír lleno de paz y se repetía una y otra vez a si mismo lleno de satisfacción y orgullo…
“¿Asestar un golpe mortal al sueño? Pobres diablos, no saben que el sueño sobrevivirá mucho mas allá de mi propia muerte, mientras perdure la semilla perdurara el sueño. Mi semilla, mi querido hijo.”
lunes, 7 de septiembre de 2015
Noxtromo: La cara oculta de Noxtromo; Capitulo 4
domingo, 6 de septiembre de 2015
Toc, toc
“¿Quién va?” Preguntó con pavor, una voz en susurros me contesta que yo. Abro la puerta buscando algún fin, pero en el cielo me veo reflejado sin ti. Parpadeo y la imagen se ha esfumado.
Cierro la puerta y me acurruco en el sofá, y en la habitación resuena un leve tic tac. El cuco marca las doce menos un minuto, justo hace un año fue la última vez que estuvimos juntos.
Tic toc. La puerta vuelve a sonar. Abro la puerta con cuidado, pero sé que me he de asomar. Tu rostro me mira frío y sereno, mi alma se destroza como hace ya un invierno.
La felicidad recorre mi cuerpo, al verte de nuevo aquí. Pero tus ojos son fríos, casi eternos. Tu mirada se pierde más allá del momento. La frialdad de tu rostro recuerda el momento en que te acompañe en tu entierro. Momento que revivo cada año, esta noche, otra noche como la de hace tanto tiempo. Tanto tiempo ya pasado que no logro recordar los motivos del por qué te he matado.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Elementos V
Hil'az've se mantuvo firme junto con sus más leales súbditos en el último reducto de su civilización. En sus últimos momentos; mientras veía cómo los extranjeros asediaban y derruían lentamente los muros de su ciudad, sólo se apenaba de no poder asegurar un buen futuro a los suyos. Todo aquello por lo que habían luchado durante siglos, y que finalmente se alcanzó gracias a Hi'ax've y a Bal'az'uq, sería derribado en su reinado. Todo recaía sobre sus hombros, no podía defender lo que sus ancestros le habían dejado. Era su obligación y así lo sentía. Mientras el peso de la realidad avanzaba irremisiblemente fuera de sus murallas.
Aquellos descendientes de los primeros humanos eran los que habían profetizado los hiavianos, los que finalmente decantarían la balanza de la guerra. Ellos dominarían el mundo, al menos hasta que llegara una nueva raza. Lo único que le quedaba por hacer al último Gran Rey era morir honorablemente en el campo de batalla luchando por su pueblo. Así se engalanó de oro y plata para su última batalla, y escogió a su mayor y más poderoso corcel, eligió a los cinco mejores de su guardia personal y los vistió de plata y bronce. Cuando estuvieron armados y preparados bajaron desde la ciudadela donde se encontraba el palacio real y por una suave pendiente hacia la puerta principal, cruzando el centro de la ciudad mismo. Mientras realizaban la última marcha juntos los seis jinetes comenzaron a oir a los ciudadanos. Y no pedían su muerte en combate, les pedían que huyeran y buscaran a los dos antiguos reyes. El último hiaviano puro, antes de morir hacía cinco años, había profetizado que sólo la vuelta de los dos reyes traería la gloria pasada a los pueblos de Bal'ia y Hia'vea. El Rey se encontraba confuso, al principio eran unos pocos los que pedían que marchase en busca de aquellos dos míticos hombres, pero unos cien metros antes de alcanzar el portón que protegía la principal entrada, era toda la ciudad la que le pedía lo mismo. Decenas de miles de voces que unánimente gritaban "vete, búscalos", "no luches, encuentra a los dos reyes" y frases similares le llegaban hasta lo más profundo de su ser.
A la altura de los centinelas que custodiaban la puerta los seis jinetes frenaron la marcha. El Rey, que iba en cabeza, se giró y los miró, había tomado una decisión, aún podía hacer algo para defender a los suyos. Darles una última esperanza, al menos eso mantendría vivo el espíritu de su pueblo, y eso ya era más que simplemente morir.
"Partiremos hacia el norte, esquivando las tropas sin pararnos a luchar, solo huiremos. Debemos encontrar a Bal'az'uq y a Hi'ax've y pedirles que regresen y liberen a nuestro pueblo, esa es nuestra misión."
Apenas unos días más tarde la ciudad fue conquistada y masacrada. Al no encontrar un rey al que usar como ejemplo de lo que podría ocurrirles si se revelaban, decidieron que una ciudad destruida mandaría el mismo mensaje. Aunque no todos sus ciudadanos fueron asesinados. A la mayor parte los esclavizaron, al resto los enterraron junto con la ciudad. Libres de todo yugo, muertos como ciudadanos libres de un reino que había perecido junto con sus últimos defensores.
La historia que siguió en aquellas tierras y en el resto del mundo es difícil de decir puesto que es confusa y no la conozco o no me la contaron como parte de ésta. Sólo sé que los nombres de todo y de todos fueron cambiando con el tiempo y los pueblos que fueron viniendo después ampliaron o distorsionaron sus historias para adaptarlas a su cultura. Puedo deciros que aquella zona con el tiempo fue llamada mesopotamia, pero aparte de esto todo lo que diga serían conjeturas que he ido sacando con el paso de los años. Mi mente ya no es lo que era, y seguro que he encontrado más coincidencias con la realidad en este relato por mi propio deseo involuntario. Ya que si esta historia fuera cierta, significaría que realmente lo que dijo mi padre también era cierto y este relato que os he contado se ha transmitido de generación en generación entre la última familia de los bil'uus, y yo sería pues el último descendiente de esta antiquísima familia.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
La sombra del bosque
No muy lejos, una oscura sombra brincaba de copa en copa, persiguiendo el dulce aroma a juventud que la doncella exudaba por cada uno de los poros de su piel. La sombra se movía con una agilidad y velocidad propia de su elemento, y en sus ojos ensangrentados un atisbo de felicidad asomaba a cada inspiración que tomaba cargada con el embriagador perfume de la joven.
Las horas transcurrían rápidamente bajo la mirada acusatoria de la luna, pero antes de que el sol despertara por el horizonte y trajese consigo la paz de un nuevo día, un grito desgarrador hizo teñirse el horizonte de rojos y que miles de aves se alzasen entonando un canto fúnebre.
El hermoso cadáver de la joven yacía frio y pálido sobre la húmeda turba del suelo, un fino hilo de color ámbar surgía tímidamente de la única herida que su perfecto cuerpo lucia. Mientras, desde las últimas sombras de la noche, unos ojos inyectados en sangre la contemplaban llenos de satisfacción y lujuria…
El calor era insoportable llegado el medio día. Un anciano granjero que vivía junto al viejo bosque de Holwën, aguardaba intranquilo el regreso de su joven y única hija. Se había levantado con la ausencia de la joven y ya era casi la hora de almorzar y aun no había regresado.
Las horas trascurrían y el anciano se impacientaba cada vez más, sin moverse de su porche no dejaba de otear entre los ancianos y tétricos arboles del tan afamado por sus historias, bosque de Holwën.
Cuando la noche se alzo majestuosa sobre el fin del mundo, la infinita paciencia del anciano se agoto y, con el corazón encogido por las oscuras sospechas, tomo una antorcha en su mano y se puso en marcha hacia la aldea más cercana, en donde amigos y vecinos dormían ajenos a su perdida.
La oscuridad aun gobernaba sobre la plaza central, cuando el anciano, tenuemente iluminado por las exhaustas llamas de la antorcha, ahogado en sus lagrimas grito a sus vecinos y amigos palabras de auxilio.
- Ayuda, necesito ayuda para encontrar a mi hija. Amigos y vecinos, soy Deiol y necesito de vuestra ayuda para encontrar a mi hija en el viejo bosque de Holwën…
Gritó y gritó, pero respuesta alguna no hallo, el anciano sentía como su pecho se encogía solo con recordar las historias que durante generaciones se habían contado hablando de jóvenes mujeres que se perdían entre los quebrados troncos de los arboles de Holwën y que jamás volvían a verse, historias que hablaban de cientos, tal vez miles, de jóvenes doncellas como su hija.
Mientras sufría al ver que nadie le ofrecía ayuda alguna, una voluta de humo apareció junto a su mejilla y se esfumo con su primera bocanada de asombro. Se giro rápidamente. Bajo una oscura capucha unos infinitos ojos negros brillaban con la luz que emitían las ascuas de una pipa de tabaco.
El viejo Deiol reculo con el susto, con tan mala suerte que tropezó y cayó al suelo. Ante él dos sombras se alzaban recortando su silueta en el despejado cielo estrellado.
- Tranquilícese señor Deiol, somos parte de los hermano Gron. Nosotros estamos aquí para ayudarle.
- Gracias, muchísimas gracias, no sé cómo puedo agradecéroslo. MI hija…- balbuceaba nerviosamente el viejo granjero.
- No se preocupe por ello, ya hablaremos después. Ahora díganos cuando desapareció su hija exactamente.
- No lo sé, esta mañana vi que no estaba.
- Si desapareció ayer noche… Solo nos quedan dos noches más antes de que vuelva a desaparecer.- Dijo con voz ronca y quebrada el misterioso encapuchado que permanecía algo más apartado y sumido en una total oscuridad.
- Vamos, no podemos perder más tiempo.- dijo el otro encapuchado mientras volcaba al suelo las ascuas de su pipa.
- Pero…- el anciano se quedo allí petrificado mientras veía alejarse a quienes le aseguraban que le ayudarían a encontrar a su hija.
Con las primeras luces del alba, ambos encapuchados, los cuales solo dejaban ver sus profundos ojos, llegaron a los limites que los ancianos arboles marcaban alrededor de su ancestral corazón.
- ¿Crees que habrá abandonado ya el cuerpo o que por el contrario seguirá por aquí pese a nuestra presencia?- pregunto el encapuchado de ojos negros entre calada y calada.
- Ixel necesita esto, si en dos noches no lo consigue tendrá que regresar al averno. Por eso, como hasta dentro de dos noches no conseguirá acumular suficiente poder, no creo que esta vez abandone el cuerpo de la joven. Puede que no lo veamos, pero estará escondido cerca, muy cerca.- dijo el segundo encapuchado de ojos blancos.- Ahora, Zoul, adentrémonos en este lugar de culto, en cuyas raíces se esconde el peor de los demonios que caminan sobre este mundo.
- Como ordenes Gron, tus palabras son órdenes para tu hijo.
Los dos hombres se adentraron en la espesura y la sombra de los siglos los envolvió hasta hacerlos desaparecer.
La brisa silbaba entre las retorcidas ramas de los ancianos arboles. Desde lo alto de una copa una oscura sombra, tan negra como el abismo, descansaba tras un largo día encogida en la brecha de un tronco. Pocos metros más abajo, el joven cuerpo, frio y rígido, aguarda su nuevo destino. Su pelo brilla como la plata bajo la luz de la luna, su tersa y blanca piel se asemeja a la más perfecta porcelana y en sus ojos solo habita el vacio del olvido.
De nuevo el aire se mece. Los ojos de la oscura bestia se abren de par en par aun inyectados en sangre, el aire de la noche le trae el olor de alguien a quien conoce muy bien. El miedo la sobrecoge y la incertidumbre estrangularía su alma si aun la tuviese.
Desea huir, pero sabe que esta es su última oportunidad. Si decidiese marcharse se vería obligada a regresar al vacio del que proviene, pero quedarse podría significar el fin de su propia inexistencia en el este mundo y en el propio averno. Aquella tenía que ser la definitiva, no había tiempo para otra, si al menos… Si, a su mente había acudida la solución perfecta y sin tan siquiera proponérselo. En sus ojos ensangrentados volvía a brillar la misma luz que en la noche en que cazase a la joven.
Entre la luminosidad del cielo estrellado, la sombra corría velozmente hacia lo que sería su fin si salía mal o un nuevo comienzo en este mundo.
- Nos ha descubierto.- dijo Gron.
- ¿Cómo?
Un silbido fino se deslizo por la brisa y llego hasta los oídos del anciano. Para Zoul era demasiado tarde, sus oídos jamás oirían aquel fino silbido pues su cabeza ya rodaba por el suelo. Gron, sin apenas inmutarse ante la pérdida de su compañero, se limpio del rostro la sangre que le había salpicado, para después restregársela en sus blancos ojos. Estos comenzaron a tornarse de color rojo fuego lentamente.
- Pobre inútil, cada vez escoges peor a tus ayudantes. Perdón, se me olvidaba que son tus propios hijos.- se escucho la voz burlona de la bestia que provenía de cada rincón y cada sombra.
- Al menos ellos no son unos parásitos, no son basura etérea que necesita un recipiente para no desbordarse y perderse en el olvido.
- Es verdad, te tengo que dar toda la razón en eso. Por cierto… ¿Qué pintas tu aquí? ¿Cómo has logrado encontrarme?
- Tu hedor es fácil de seguir. Piensa que ya son muchos años persiguiéndote, después de tanto tiempo uno va aprendiendo las malas costumbres de sus enemigos. Te aseguro que a estas alturas sería capaz de sentirte entre los miles de los tuyos que habitan en el abismo del fin del mundo.
- Observo que en tu pecho late con fuerza el mismo odio desde hace siglos. Eso no ha de ser bueno, tanto rencor reconcomiéndote desde hace tantísimo tiempo… Y todo por que acabe con la miserable existencia de tu hermana. Bueno y después con la de tu padre, tu madre, y en definitiva con la de toda tu familia y la de aquella apestosa aldea en la que vivías. Si lo piensas bien, creo que me debes en realidad mucho más de lo que crees. Gracias a mi, y en segundo lugar a aquel juramento, has logrado vivir diez veces más que cualquier otro hombre, has visto nacer y morir reinos enteros, has conocido decenas de amores y muchísimas más cosas. Sin embargo prefieres odiarme y deseas con todo tu ser matarme, me das asco y deseo que esto termine de una vez por todas. Esta noche terminare con la tarea que comencé hace ya nueve siglos, terminar con todos los tuyos. Tu eres el último descendiente verdadero de los Gron y contigo hoy perecerá la única familia de humanos capaz de dar caza a los míos. Con tu muerte terminara esta época de luz y yo y mis hermanos podremos traer la oscuridad a este bosque y a todas las tierras del mundo.
- ¿Llevabas muchos años ensayando esas palabras? Sal y combate. Déjate de fanfarronadas y acepta tu muerte en el mismo lugar que te vio nacer. Esta noche el bosque de Holwën dejara de ser el portal al averno en que lo habéis convertido.
El crujir de la madera se alzo en el vacio eco del bosque, Gron alzo sus rojos ojos y vio como varios árboles se precipitaban hacia él desde los cielos. Empleando las artes heredadas durante generaciones en el seno de su familia, Gron alzo los brazos y profiriendo un grito rechazo el ataque e hizo que los arboles saltasen por los aires. De repente un brillo avanzaba a gran velocidad hacia él, la sombra corría como un relámpago hacia el desprevenido anciano. Gron salto hacia los aires intentando esquivar el ataque de su feroz enemigo, pero era demasiado tarde, la sombra había logrado golpearle y derribarlo en el suelo.
Los golpes se sucedían, la esencia y la sangre se derraman por los suelos, nada se daba por ganado ni por perdido, aquel combate resultaba crucial para ambos rivales y ninguno estaba dispuesto a perderlo.
Gron cayó al suelo mal herido, con el rostro ensangrentado y las ropas sucias por la negar esencia que la sombra derrama. Sabía que debía jugárselo todo a una última baza, un hechizo que su padre le había enseñado siglos atrás. Sosteniéndose sobre una rodilla comenzó a balbucear las palabras que contenían el poder que necesitaba, un lenguaje oculto a todo ser vivo y procedente del más escondido rincón del propio averno.
Mientras el anciano se concentraba, la sombra intentaba recomponerse del último ataque recibido. De un salto bajo del árbol al que se había visto lanzado y observo al viejo Gron, al fin aquel inútil utilizaría su ultima arma, al fin lograba llevarlo donde deseaba.
- Gron, ese truco cutre no te funcionara con migo. He vivido durante milenios entre las ascuas del averno, que invoques una bola de fuego infernal no lograra destruirme.
- Puede que no, pero al menos arrasara todo este bosque y con ello el cuerpo de la joven. Tendrás que regresar al abismo y sabes que allí ya no eres bien recibido.
- ¿Estás seguro de ello?- grito la sombra a la par que se abalanzaba hacia el anciano.
De la palma de la mano broto una pequeña esfera de color rojo intenso, una bola que a medida que se alejaba de Gron crecía y crecía hasta que en apenas un abrir y cerrar de ojos, el cielo estaba iluminado por las mismas llamas del sol y un calor insoportable reinaba en el lugar.
Una gran explosión hizo temblar los cimientos de la tierra, y por unas milésimas le tierra se ilumina como si del mismo sol se tratase. La fuerte honda expansiva pillo al anciano Gron y lo hizo volar hacia atrás, mientras volaba y antes de perder por completo el conocimiento, lo último que logro a ver era como la sombra era engullida por la esfera de fuego.
- ¿Está bien anciano?- los oídos de Gron aun pitaban.
Lentamente abrió los ojos y contemplo la luz de un nuevo día. No era posible, debía de haber muerto, pero aun seguía vivo, todo era muy confuso. Si él seguía allí quería decir que su misión aun no había terminado, si él seguía allí quería decir que…
En un recóndito lugar unos jóvenes jugaban en un riachuelo cuando el más joven de ellos grita…
- Hermano, mira una doncella. Es hermosa, pero sus ojos… son del color de la sangre.
Elementos IV
Durante varias décadas las batallas se sucedieron, y los hiavianos y balianos empezaron a menguar rápidamente en número pues eran el objetivo principal de ambos ejércitos. Si bien Hia'ax've devolvía a la vida una y otra vez a aquellos que podía, lo cierto es que la completa carbonización los dejaba fuera del alcance de todo poder y la lentitud con la que gestaban las mujeres y crecían los niños les impedía recuperar sus fuerzas de las devastadoras campañas con los humanos. Así ambos bandos se intentaron exterminar de esta forma.
Aún viendo su decadencia por culpa de las guerras, los hiavianos y balianos no cejaron en su intento de vencer al rival sin darse cuenta, o quizás sí que eran conscientes, de que el mundo dejaba de pertenecerles y pasaba a manos humanas con lo que el motivo fundamental de la guerra empezaba a perder el sentido. Aunque simbólicamente hacia tiempo que los líderes de ambos bandos eran humanos, ahora realmente todo el poder, principalmente el militar, recaía sobre los últimos nacidos.
Siendo éstos dueños absoluto de todas las ciudades del mundo, el odio que se sentían los pocos miembros vivos de las razas antiguas comenzó a menguar, y así paulatinamente los humanos fueron abriendose más unos a otros y dudando de la finalidad de la guerra hasta que al fin los dos mayores hombres que dio aquella época tuvieron su primer encuentro en persona, algo que ambos habían deseado desde que Hi'ax've descubriera su don en su primera batalla en Uq.
De aquel encuentro y de lo que hablaron nadie supo nada. Solo que la paz iba a ser firmada y los dos reinos que antes se mataban ahora se fundirían en uno solo para olvidar el pasado y comenzar un nuevo futuro como un solo pueblo. Obviamente aquello no gustó demasiado a los balianos ni a los hiavianos que aún quedaban pero su número era tan reducido que apenas tenían voto en las decisiones de cada reino. La decisión de aquellos dos reyes fue ejemplar pues renunciaron a su posición y entronaron a un hombre nacido de ambas culturas. Al que llamaron Hil'az've, quien eligió Uq como capital del Reino. Una vez este hombre fue coronado, los dos anteriores reyes desaparecieron juntos y nadie más supo de ellos. Muchas historias se contaron del lugar a donde fueron pero nadie supo jamás realmente lo que hicieron tras desapacer.
Durante unas décadas el reino estuvo en paz, y los balianos y hiavianos comenzaron a crecer en número aunque siempre en menor proporción que los humanos. Pero si hay una cosa certera en este mundo es que la guerra siempre vuelve. Y así fue, aquellos humanos que decidieron quedarse en su ciudad, los que jamás se movieron de su lugar de origen llegaron una mañana de otoño sin previo aviso hasta las puertas mismas de Uq.
Los primeros fueron un pequeño grupo de diez personas de piel muy oscura y de rostros enjutos, ojos negros como el azabache y el pelo, del mismo color, corto y rizado. Al igual que fueron vistos, desaparecieron sin llegar a tener contacto con los uqianos. Nadie dio importancia a aquel incidente hasta que llegaron las hordas. El número de personas que aparecieron dejó estupefactos a todos los habitantes del reino, aún más a su Rey que sin dudarlo organizó las fuerzas defensivas. Por primera vez hiavianos, Hi'ax y uqianos lucharían juntos tras milenios de guerras. La paz actual había permitido aumentar algo el número de personas con capacidad para manejar los elementos, y así se conformó el ejército con cuatro cuerpos: infantería en el centro, caballería en las alas, arqueros en retaguardia junto a bil'uus y por último hiavianos y balianos. Antes de la batalla el Rey Hil'az've animó a sus tropas y ellos se sintieron invencibles antes de la batalla y así habría sido de encontrar un ejército similar. Pero lo que estaba frente a ellos fue algo que los dejó aún más sorprendidos. Aquel ejército lo componía un innumerable cuerpo de infantería, armados con lanzas largas y armaduras de cuero, que desbordaba las alas de la caballería, y tras ellos decenas de miles de arqueros junto a una serie de máquinas que jamás habían visto.
Así la batalla dio comienzo al mediodía. Pequeños huracanes y algunos granizos gigantes golpeaban la masa de infantería a cambio el ejército recién llegado devolvía enormes piedras lanzadas con violencia al conjunto del enemigo, o pequeñas y medianas piedras afinando más la puntería sobre las zonas donde más presionaban a sus tropas. También lanzaban jarras con aceite y después flechas incendiarias y prendían fuego incluso a algunos de los suyos, pero la furia con que se lanzaban al ataque en combate individual era incontrolable. El ejército uqiano estaba cediendo en las alas donde la caballería era incapaz de contener a la infantería armada con lanzas, y, aunque el centro aún aguantaban las envestidas, si lograban envolverlos todo acabaría para siempre. Asíque el monarca decidió retirarse a la ciudad y elegir una nueva estrategia pues aquella les llevaba a la perdición, pensó que las murallas podrían protegerle...
Al llegar a la ciudad los invasores se quedaron a cierta distancia y colocaron sus máquinas a la suficiente distancia para bombardear las murallas, cosa que hicieron durante una semana. Además montaron un campamento alrededor de Uq y se alimentaron de los cultivos cercanos y de algunas caravanas, que ilusamente salieron de sus ciudades pensando que al llegar tendrían un enorme ejército vencedor deseoso de celebrar la victoria. Esta semana la emplearon para construir, con árboles de los bosques circundantes, dos grandes torres de madera que fueron empujando hasta situar a la altura de las murallas sobre las que cayó un puente, tras este una abertura de la que comenzó a salir una marea desbordante de hombres armados esta vez con espadas cortas de hierro y escudos redondos de madera tachonada de cuero. Éstos se lanzaron sobre la ciudad, Uq se había mostrado confiada y apenas había hecho más que ver lo que otros hombres lograban con su habilidad manual, eso les llamaba la atención pues estaban acostumbrados a las comodidades del poder de los bil'uus y de hiavianos y balianos, ya que eran quienes se encargaban de construir todo. La lucha fue sangrienta, larga y muy dura para todos, tanto invasores como defensores, y al final cuando todo terminó Uq había sido conquistada. Aunque su monarca no fue capturado ya que logro huir para refugiarse en Hia'vea la segunda gran ciudad del reino.
Los invasores renombraron a la ciudad como Uruq, que para ellos significaba ciudad conquistada. Sus ciudadanos no fueron exterminados, pero sí se les impusieron las leyes de este pueblo y aunque no los trataron mal, nunca tuvieron ningún derecho. Éstos nuevos dominadores no se conformaron ahí y poco a poco fueron conquistando ciudades y pueblos hasta cercar a Hil'az've en Hia'vea.